29 de abril de 1986

 

 

 

 

 

 

 

Visita póstuma a mi exposición. Jorge Kreisler la ha visitado. Su crítica me ha parecido sincera, su valoración plástica de la obra, correcta. La conversación me ha sugerido algunas cosas sobre los galeristas y coleccionistas. Kreisler parece estar sumergido en un mundo inconmensurable y atroz. Parece como si hubiese asumido toda la sordidez humana y hubiera podido vencer a la negrura para poder estar cerca de lo vivo, de lo que hoy y ahora palpita.

José Manuel Broto tiene una obra muy pictórica porque retoma el mejor sentido de los informalistas, con valores cromáticos europeos, sobre todo del expresionismo alemán. Su obra “Todo es posible” se encuadra en el concepto tradicional informalista, pero donde aún queda un resto de intencionalidad mediante la descripción de una forma es en Tápies. Gerardo Delgado vive en un ámbito parecido pero en el que el expresionismo eclosiona a lomos de una pincelada más libre. Sicilia me hace recordar algunas obras de Millares. Barceló me lleva a un mundo alucinatorio en el que, de todas formas, existen concesiones crecientes a la tradición, a pesar de sus transgresiones en el procedimiento y en los materiales. Cristina Iglesias trae unas esculturas rescatadas de lugares donde aún se filtra la luz.

Tendré que sopesar, valorar y rumiar todo este tiempo que he pasado en Madrid, inmerso en el mundo del arte y de los artistas. Ya no podré pintar nunca como antes pues algo se ha transformado en mí. La imagen resuelta mediante otros discursos me ha dejado en otro lugar, desasistido de mis referencias, y la contradicción sólo se resuelve en el presente. Su intensidad impulsa a la lucha interior hacia su solución. La vida, en sus manifestaciones, sugiere una única realidad. La biografía —los sujetos y los objetos, las relaciones— no son sino anécdotas sentimentales que tratan de velarme, de esclerotizarme, son entes cargados de peste emocional que, ante todo, expresan miedo y agresividad.

30 abril 1986. Mi padre ha muerto

Yo iba con los cuadros de mi exposición, de vuelta hacia Córdoba, en la furgoneta de un amigo. No sabía que en aquella carretera me estaba cruzando con una ambulancia que llevaba a mi padre hacia Madrid, hacia su final. Requiem por aquel cuyo cadáver expresó su muerte, una muerte que yo ya había visto en anteriores ocasiones, mientras vivía, su anuncio, un agotamiento progresivo hasta la inmovilidad irreversible. Que Dios lo acoja, le perdone y le ampare.

(En la imagen “Búsqueda. Técnica mixta sobre lienzo. 65 x 54 cm. Nerja 1983)

16 noviembre 2017Enlace permanente

28 abril 1986

 

 

Las motivaciones del coleccionista de obras de arte pasan, por un lado, por el afán pasivo de poseer, de reunir objetos, de invertir el dinero en algo rentable. También pasa, afortunadamente, por la capacidad de decidir, por la actitud crítica ante la obra de arte, y, finalmente, por qué no, por el amor al arte.

El coleccionismo, que en principio surge como consecuencia de valores estéticos y plásticos, se convierte en una inversión y en un cálculo para comprar la obra de arte, cálculo que incluye a críticos y galeristas como asesores.

El artista cae en la misma trampa porque necesita de los intermediarios y mediadores, de los galeristas y de los críticos. Pierde gran parte de su libertad creadora.

La carrera desbocada de los precios de la obra de arte frena al coleccionista. El crítico describe la elección de la galería y ésta determina su juicio a través del coleccionista. El comprador comparte, en cierto modo, las ansiedades y angustias del artista, poniendo en juego su sensibilidad y su dinero, afronta algunos riesgos y contribuye a crear un gesto pertinente.

Los mejores coleccionistas son gente apasionada por el arte que creen enamorarse de las obras, que coleccionan belleza, y así la obra adquiere su condición de reliquia, de objeto sagrado. Así intervienen en el proceso creativo. Muchas veces el crítico es un artista frustrado o un coleccionista frustrado, y en muchas ocasiones, al menos en nuestro país, se permite dar consejos al artista. Existe un orgullo de poseer, de estar en contacto con ese mundo del arte, refinado e inalcanzable.

En la galería Rojo y Negro, la hija de Serna Ramos, pintor de la Escuela de París, me enseña una carpeta con obras de su padre. Un profundo dolor transmiten esas pinturas sobre papel, una simple y profunda historia se trasluce a través de grises y negros. Parece como si el dolor se escapase por las líneas oscuras. “Había que ser valiente para comprar obras de Léger hace quince años”. Raquel ha mostrado su sensibilidad: ¡Qué vacío más desolador! Una sensibilidad gigante en medio del vacío, una idea asombrosa en medio de la mediocridad.

(En la imagen “Última luz” Carbón y pastel sobre papel. 35 x 150 cm. Almodóvar, 1985. En la actualidad se halla en el Área de Servicios Sociales del Ayto. de Córdoba)

12 noviembre 2017Enlace permanente

20 abril 1986

 

 

 

 

 

 

Ensamblaje de vidrio y carne en una fusión imposible, donde los elementos sólo entran en contacto en el momento de la acción. Vidrio que corta los tejidos limpiamente, carne sacralizada mediante rito de sangre, exposición de vísceras estéticas, muestra de palabras inconfesables, expresión del corte y la cesura, lenguaje de la conciencia dividida.

Vidrio, Duro, Transparente, Incoloro, Inodoro, Aislante, Cortante, Pesado, Silicio.

Carne, Elástica, Opaca, Coloreada, Olorosa, Conductora, No cortante, Menos pesada, Carbón, agua, minerales.

Relaciones de la figura con el paisaje, superación de los ingredientes literarios, búsqueda de una plástica desargumentalizada, liberada de los elementos narrativos propios de la literatura. Protagonismo de la figura y sus relaciones con el entorno.

—Hacia la superación del protagonismo de las figuras y objetos y de sus relaciones con el medio.

—Identidad de los objetos y figuras de los géneros tradicionales, mediante las nociones de fondo, atmósfera, con el entorno y las correspondientes relaciones.

Impresiones de Madrid, abril del 86, durante ARCO. De la seducción que ejercen los objetos hacia la seducción que imponen los medios de comunicación. Presiento un clima provocador/evocador, inductor/reductor de imágenes que a su vez nos significan realidades intraducibles. En esta feria de encuentros uno se va recomponiendo poco a poco, a medida que el lenguaje plástico, hasta ese momento reservado —para una minoría, para una élite— se va desvelando y muestra su rostro de colores casi encontrando su luz en la percepción. Uno tiene la sensación de que —a pesar de que sabemos que lo que vemos en una feria no es todo— se trata de un encuentro que tiene que ver con la expresión de realidades que se contradicen desde hace mucho tiempo. El mercado de los objetos que un día fueron parte de un proceso creador, hace que los artistas adivinemos detrás de las obras, incluso la indiferencia ante lo demasiado conocido, como una forma extrema, casi extinta, de afirmar un yo.

De la seducción que provoca el objeto hacia la seducción que ejercen los medios de comunicación. Seducción que parte de la capacidad que posee el sujeto para digerir e interpretar la imagen que le ofrece el medio en cuestión, de la manera en cómo lo asume integrándolo en su experiencia cotidiana, de cómo se defiende de él cuando no le ofrece la imagen alguna vez soñada o intuida. Tan profundo es a veces el abismo, tan alejado de cualquier posibilidad de unión, de síntesis feliz, que el sujeto trasciende cuando la misma contradicción deja de provocarle, cuando la imagen responde a sus expectativas.

Proyectamos nuestra humanidad, nuestra reflexión, sobre los objetos y vivimos con ellos, albergando por un momento el signo que nos devuelve al mundo del sentido.

Transito entre objetos que me provocan inquietud y entre otros, los más, que no me dicen nada, o en medio de aquellos que suscitan en mí los mejores gozos, que entonces ya no son vividos como objetos sino como creaturas vivas. Estos últimos son siempre aquellos que no se dejan asumir como tales objetos.

La tendencia a las relaciones humanas asépticas en los núcleos urbanos tiene como consecuencia el ansia de contacto, la condición de toda comunicación, el intercambio.

7 noviembre 2017Enlace permanente

10 abril 1986. Madrid, Club Financiero Génova

 

 

 

 

 

 

 

 

Urbano en el sentido de humanidad convergente, de sueños construidos sobre un trozo de campo, cemento sobre piedra, vidrio envolvente sobre aire, asfalto sobre tierra. Espacio compartimentalizado donde cada compartimento nos devuelve la imagen —gran angular— del resto. Monstruo de muchas bocas y de muchas palabras, entidad que se ahoga y respira por las bocas de salida del metro.

Recuerdo los momentos que hicieron del niño un adulto. Es un error insistir en la acción que nos lleva al error. Me acuerdo de mis hijos. Recuerdo la sonrisa de Zahrá. Pienso que no debo nombrar lo profundo porque puedo desvirtuarlo.

Madrid es una criatura viva y enorme, que palpita y ofrece rostros innumerables. Más o menos grata, más o menos acogedora, pero vive y hace que sea casi imposible abstraerse de ella. Es una ciudad emergida del tiempo, como si hubiese necesitado incontables acuerdos para poder llegar a ser lo que hoy es.

Aún quería extraer ternura del cemento, ver una especie de carnalidad en el hormigón acristalado. Una verdadera barbaridad. Otra vez buscando a mi madre, otra vez el error. Si sólo el rostro femenino me devuelve la imagen de la belleza.

No sería aventurado pensar que esa aparente falta de estilo —en el sentido de cadencia histórico cultural, de formas escolásticas—  no sería sino el lenguaje que emplea la conciencia contemporánea para expresar el caos, un desorden sin directrices claras, sin valores absolutos, sin un marco interpretativo que asuma las contradicciones que se dan en su seno, no cuadrándolas ni analizándolas urgentemente ni numerándolas y, menos aún, silenciándolas.

Un ruido de fondo permanente, sordo, de maquinaria rodada, amortiguada. A veces suenan los chips del teléfono, a veces “buenos días”, “¿más tranquilo?”, pregunta la secretaria del director a alguno que acude y cuyo rostro sólo puedo adivinar. La secretaria cruza airada la sala de exposiciones hasta perderse en los laberintos mientras el solicitante silba y suena otra vez el chip y sigue la maquinaria: “El señor director dice que puede usted pasar a su despacho”: “¿Es usted el pintor? ¿Por qué no ha venido usted antes?”

2 noviembre 2017Enlace permanente

15 abril 1986

 

 

 

 

 

 

 

 

Comercio del ser, un comercio que aquí parece estar limitado y acotado por las formas sociales, por una liturgia o protocolo, constatando de nuevo que los contactos han de producirse con la condición previa de una cierta conductividad del material sujeto. El material sujeto del contacto ha de reconducir entonces la energía del significado, el potencial semántico, en primer lugar, mediante su capacidad perceptiva, sensible, y en segundo término, mediante la química cerebral que entra en juego, mediante todo aquello que pone en relación los datos almacenados, la información atesorada con esfuerzo.

Aquí, en esta feria, se cultivan las poses que la muchacha aprendió en la televisión y que ahora reproduce expresando, fuera de su contexto, toda la carga mitológica, alegórica, que encierra toda imagen en su intencionalidad, cuando se la despoja de los aditamentos.

La mujer que luce más que nunca el rictus que aprendió, en tantas idas y venidas de su cuerpo enmascarado, y que ha heredado como único valor cultural en el presente, en el mundo contemporáneo. La forma en que sus músculos faciales, tensos o relajados, exponen una actitud determinada por la Historia, por el sentido “de lo que vio”.

Erótica de la imagen plástica, mimetismo del espectador con lo percibido e interiorizado, coincidencia de la expresión facial con su etiqueta correspondiente.

Parece como si en esta feria no fuese posible reír o llorar, o gritar, sino sólo mostrar “dentro de un orden no tan amplio” la imagen del llanto, del grito o de la risa, sus huellas sensibles en el mundo del quehacer visual. Al mismo tiempo se abren paso otras formas de expresión, más interdisciplinares, con los nuevos soportes audiovisuales, que prometen romper con las fronteras sociopolíticas, con los límites del pensamiento que nos dividen interiormente y nos especializan y compartimentalizan aún a nuestro pesar.

Surge entonces el ansia de romper esas barreras, esas tradiciones formales que son los barrotes de la cárcel de nuestro cuerpo, conceptos también que nos reprimen y nos dejan en un ámbito de frialdad, de no-contacto, de sublimaciones sin solución de continuidad.

30 octubre 2017Enlace permanente

Pinceladas

 

 

 

 

 

Hilvanada en la tarde se va trazando una escritura incierta que no conoce su origen, y cuyas primeras palabras no son sino la explicación de un comienzo, los primeros pasos de un itinerario inédito que las lleva al presente, que las sitúa en el rastro de una realidad que se nos escapa irremediablemente.

Entre esa imposible descripción de lo que acontece, en esa inefabilidad, mi personaje aflora sintiendo su pasado como una serie de imágenes, humanas, animales, paisajes, visiones e ideas hechas, que no han sido profundamente modificadas sino, al contrario, que se han ido mineralizando hasta apoderarse del momento, dejándonos sumidos en una irrealidad, en la inconsciencia.

Y así se perpetúa la irrealidad en la conciencia, velándome de ella, de mi verdadera realidad, una vez y otra, a lo largo de un tiempo lineal, falso también y engañador, hilvanándose en el tic tac silencioso e hipnótico de los relojes digitales.

Quizás sea así porque mi personaje pertenece a una generación muchas de cuyas señales se apagaron violentamente: Kennedy, Lennon, Ghandi, Arafat, Malcolm X, y no quiere ya seguir hurgando porque se siente siguiendo el rastro de la muerte y la desesperanza, haciendo, como Borges, un inventario de la infamia.

Sin embargo, ese destello lúcido, ese atisbo de realidad, no le ha llevado a ningún sitio, sólo ha sido un pretexto para apoderarse una vez más de la conciencia, para establecer esa dualidad que necesita para existir como personaje, como un ser humano con una biografía y una memoria.

Veo ahora con claridad que el actor no es nunca un actor real sino una  representación que lo actualiza, una performance que se oculta tras las apariencias y convenciones que rodean al personaje, en nuestro caso a un pintor que se había olvidado conscientemente del pincel, de las pinceladas, del momento en que tantas veces había penetrado en aquel recinto sagrado donde experimentaba ese clima inefable que le hacía vivir aquello que nace desplegándose como creación, como belleza y como realidad… Y ahora, mientras va trabando las pinceladas sobre el lino, se da cuenta de que acaba de cruzar nuevamente las lindes de este santuario.

Y en esa memoria pinta de nuevo, como siempre, como una experiencia tangible de lo inédito, como una visión y una experiencia de la creación, aunque ahora el cuadro sea muy diferente de aquellos que esa memoria le trae, a pesar de que el pintor ahora razona más sus obras y las aprisiona formalmente como recurso radical para poder vivir realmente la experiencia del color en el cuadro, en la naturaleza, y así advierte que esa naturaleza y ese cuadro, que son igualmente suyos, son la nítida proyección de su alma.

Así comprendo el sentido que para mí tienen la pintura y el hecho de pintar. Un medio elevado de autoindagación.

26 octubre 2017Enlace permanente

Arco 86

 

 

 

 

 

 

 

 

Mucha feria, quizás, exceso de feria, cruce de tendencias, lenguajes, hasta llegar a un silencio profano, con las intenciones guardadas, abierto a sensaciones que dejarán en alguna tela el rastro claro de un color.

Interesantes Tápies, Le Parc, Ortega mientras en algún otro lugar alguien estará paladeando las últimas adquisiciones, el brillo que la compra desvanece y los objetos que yacen, las almas que se duplican, proyectan y deshacen formando lenguajes.

No deberíamos fiarnos de quien no nos mira a los ojos, pues en los suyos tal vez acumula tantos hechos evitados que podrían ahogarnos con un glamour de signos, de historia y biología.

En los tiempos difíciles se van sedimentando, entre las agitadas olas del pensar, las arenas que modelan el sentir. La soledad personal y física nos va preparando para la comunicación, disolviendo nuestras barreras interiores. Ese derrumbe de los límites y la iniciación del diálogo con uno mismo establecen el ámbito de resonancia de aquello que no somos nosotros, de lo otro.

El ser ignorados, el pasar sin pena ni gloria junto al murmullo, tal vez sea lo que nos deja pensativos, preparados para un encuentro. Es el tiempo en que la conciencia podrá trascender en otra conciencia, no competitiva, más liberada de las condiciones impuestas por esta locura de tiempo, bello y efímero, más inapresable que nunca, que nos ha tocado vivir.

Es muy difícil, incluso paradójico, conciliar la creatividad con la naturaleza reactiva de unas sociedades que, para avanzar, precisan superar sus propias resistencias. La vida camina sin detenerse, o deteniéndose el tiempo justo para tomar aliento, venciendo las resistencias de lo establecido, de la norma, y esa parte del camino es la más ingrata.

Quien lo comprende y lo siente, quien vibra con lo que haces, es un muerto de hambre como tú mismo y no te dará de comer. Quien podría pagar tu búsqueda no se arriesga porque necesita la seguridad de que su dinero marcha hacia sitio seguro, hacia un valor de cambio, bancario, flexible, convertible.

Y así vamos buscando la grieta que nos permita cruzar los mundos sin desgarrarnos la camisa en las alambradas de la propiedad intelectual, que tiene tantas púas como las otras, místicas y de alambre, pero son aguijones aún más peligrosos pues rompen la intimidad emotiva del discurso cuando nuestra mente trata de moverse con libertad por los espacios interiores.

Nos expresamos pintando cuando, en ocasiones, hemos agotado ya tanto el silencio como las oraciones y las palabras que nos vinculan con lo otro.

No tenemos ya muchas excusas cuando, solos en el taller, no queremos correr el riesgo de embadurnar a una virgen blanca, negra o monocroma, de romper la monotonía de lo profano. Necesitamos, tal vez, otro cuerpo y lo construimos conformando un objeto u homúnculo. Como Prometeo tratamos de darle vida propia, rescatando del fuego de la nada, ungiendo con signos vitales lo que es nada y nace de la nada, a aquello que no late ni aún en apariencia. ¿Late el lienzo en blanco? ¿Late nuestro corazón cuando contempla la superficie inmaculada?

Arco es hoy una flagrante feria de ganado con aires internacionales y triunfales. Evidentemente se buscan contactos. El objetivo último no es vender sino contactar. Los dirigentes, aquellos cuya palabra mueve los destinos del mundo, son ajenos a ese otro mundo donde nace la obra de arte. Desde sus privilegiadas atalayas no pueden oír el crujido real que se desata en la planta baja.

Obras que en muchos casos expresan un claro compromiso con la expresión plástica son exhibidas como bellos objetos acabados en sí mismos, adscritos a stands y delimitados por las siglas del galerista. A pesar de ello, la vida humana se expresa y en algunos casos aún consigue provocar una cierta conmoción espiritual, casi siempre en obras cuya intención de sorprender no es tan manifiesta, obras en las que pintores y escultores no hicieron sino exponer su propia reflexión sin demasiadas presiones laterales, léanse críticos, galeristas, publicistas, aficionados y financieros, quienes, con sus opiniones y actitudes descontextualizadas, han modificado frecuentemente el decurso de la obra de arte.

Las “gentes de buen gusto”, aquellos que ostentan el juicio estético, tienen ya suficientemente afinados sus instrumentos de medición plástica, herramientas dignas, en muchos casos, de la imaginación caliente de un Max Ernst, pero que en sus manos no son ya sino escleróticos reproductores de carne y hueso que sólo admiten aquello que viene marcado con el sello de la tradición, aunque la tradición, en muchos casos, sea sólo un único y aislado antecedente.

La tradición son hoy los gritos dispersos de un expresionismo feísta que ni siquiera se atreve, en la mayoría de los casos, con planteamientos clara y abiertamente antiestéticos.

Puedo advertir un cierto código de valores en la presentación de la obra de arte en esta feria, una complicidad ante los valores negados, como si quisiera rescatarse la rota corriente de las vanguardias, ahora en una coyuntura imposible.

Codificar lo incodificable parece ser objetivo común en esta feria de ganado plástico.

(Madrid, abril 1986)

23 octubre 2017Enlace permanente

De la naturaleza y las culturas

 

 

 

 

 

 

La gran paradoja es la del hombre que persigue lo que ya tiene y olvida inevitablemente quién es. La vida es entonces un profundo olvido de lo verdadero, un caminar hacia la fragmentación de un yo inexistente que, aún sin realidad, se empeña en aferrarse a los objetos y a las ideas en una quimérica persecución de identidad.

La gran lección de oriente, del pensamiento que de allí nos llega, ha sido siempre el carácter irreal y dudoso que se atribuye a aquello que los sentidos nos muestran con la enorme resolución de un organismo milenariamente evolucionado dentro de una especie racional y concreta.

Pero nuestro artista es de una sangre distinta, la de aquellos que saben que lo humano, dentro de su importancia evolutiva, de su preponderancia en el contexto planetario y en el cosmos, no es sino una criatura más del bestiario de las edades, una muestra ‘cultural’, eso sí, pero precisamente esgrimiendo una cultura que no ha sido capaz de llevarlo a la cima de las genuinas capacidades de su espiritualidad.

En silencio, tarde tras tarde, observando el discurso de las estaciones, como místico desocupado, carente de la necesidad de producir obras, se sumerge en el más profundo de los misterios y siente la presencia íntima del Creador, ser intangible que sustenta todo lo existente, amigo del artista cuando éste se sienta a escuchar el olvido.

Es entonces cuando recibe el legado de lo secreto, la transmisión del inefable signo que lo formó deviniendo en obra, en criatura…

Y, en cambio, los otros, los artistas, estaban entretenidos mirando una y otra vez las obras de los hombres, las claves de los tiempos, el pensamiento de la época, escudriñando las rendijas donde poder colocar unos objetos que tuviesen al menos la cualidad de ser diferentes, inéditos, impactantes, novedosos… acción para unos, quietud para los otros. Danza entre el movimiento y el reposo, entre la vigilia y el sueño.

Soñar con la transformación de un espacio en la creación, añadir, quitar, como si fuese un juego, un juego en el que se dirimiesen las biografías de nuestros semejantes, alteradas en algún caso por un suave aleteo, por una sutil e invisible influencia.

(De la Naturaleza y las Culturas. 1992. Fragmento. La imagen se corresponde con obras de ese período)

17 octubre 2017Enlace permanente

Del ser de la Pintura

 

 

 

 

 

 

Es posible que nuestras percepciones estén cambiando debido a las nuevas costumbres digitales. Pudiera ser que nuestros ojos no puedan ya percibir los paisajes naturales ni las obras de arte sino sólo las imágenes digitalizadas. Si miro Las Meninas en el Museo del Prado sólo percibo una mancha borrosa y sin sentido, una serie de manchas dentro de un marco. Sin embargo, una reproducción en alta definición de esta misma obra, en una pantalla suficientemente grande puede ofrecerme la imagen de la obra original de manera completa y fidedigna. Antes se decía que “la función hace al órgano” Si fuese literalmente así nuestros ojos serán ahora digitales o no serán nada.

Serán los paisajes digitales los que compondrán las visiones futuras. Ahora, cuando miro al horizonte, siento como si las nubes se despidiesen de mí, como si todos esos paisajes me dijeran adiós. Puede ser que la vida que surge está siendo ya otra.

Releo la amarga confesión de Picasso del año 63 y compruebo su vigencia, más de medio siglo después:

“Cuando yo era joven, igual que todos los jóvenes, tuve la religión del arte, del gran arte; pero con el correr de los años me he dado cuenta de que el arte, tal y como se lo concebía hasta finales de 1800, está ya acabado, moribundo, condenado, y que la pretendida actividad artística, con todo su florecimiento, no es más que la manifestación multiforme de su agonía. Los hombres se apartan, se desinteresan cada vez más de la pintura, de la escultura, de la poesía; aparte de las apariencias contrarias, los hombres de hoy tienen puesto su corazón en otra cosa muy distinta: las máquinas, los descubrimientos científicos, la riqueza, el dominio de las fuerzas naturales, y de todos los territorios del mundo. Nosotros ya no sentimos el arte como una necesidad vital, una necesidad espiritual, como era el caso de los siglos pasados.

Muchos de entre nosotros siguen siendo artistas y ocupándose del arte por unas razones que tienen muy poco que ver con el verdadero arte, sino por espíritu de imitación, por nostalgia de la tradición, por inercia, por el gusto de la ostentación, del lujo, de la curiosidad intelectual, por moda o por cálculo. Viven todavía por costumbre y por esnobismo, en un reciente pasado, pero la gran mayoría de ellos, en todos los medios, no tienen ya una pasión sincera por el arte, al cual consideran, todo lo más, como una diversión, un ocio y ornamento.

Las nuevas generaciones, amantes de la mecánica y del deporte, más sinceras, más cínicas y brutales, irán dejando el arte, poco a poco, relegado a los museos y las bibliotecas, como una incomprensible e inútil reliquia del pasado. En el momento en que el arte ya no es alimento de los mejores, el artista puede exteriorizar su talento en toda clase de tentativas de nuevas fórmulas, en todos los caprichos y fantasías, en todos los expedientes de la charlatanería intelectual. El pueblo ya no busca ni consuelo ni exaltación en las artes. Y los refinados, los ricos, los ociosos, los destiladores de quintaesencias, buscan lo nuevo, lo extraordinario, lo original, lo extravagante, lo escandaloso. Por mi parte, desde el “cubismo” y más lejos aún, he contentado a esos señores y a esos críticos con las múltiples extravagancias que me han venido a la cabeza, y cuanto menos las han comprendido, más las han admirado. A fuerza de divertirme con todos esos juegos, con todas esas paparruchas, esos rompecabezas, acertijos y arabescos, me hice célebre rápidamente. Y la celebridad significa para un pintor: ventas, ganancias, fortuna, riqueza.

En la actualidad, como sabéis, soy célebre y muy rico. Pero cuando estoy a solas conmigo mismo, no tengo el valor de considerarme artista en el sentido grande y antiguo de la palabra.

Ha habido grandes pintores como Giotto, Tiziano, Rembrandt y Goya. Yo no soy más que un bufón público que ha comprendido su tiempo. La mía es una amarga confesión, más dolorosa de lo que pueda parecer, pero que tiene el mérito de ser sincera”.[1]

[1]. PICASSO, Pablo. Revista del´ Association Populaire des Amis de Musées, “Le Musée vivant” nº 17-18 París. 1963.

26 septiembre 2017Enlace permanente

Del ser de la Pintura

 

 

 

 

 

 

 

 

El siglo XX produjo muchas obras plásticas que no son pintura. El arte cinético, Julio Le Parc, el arte conceptual, Beuys, el op art y otras propuestas visuales que no son pintura en un sentido estricto.

Pero yo me pregunto ahora por la Pintura, tras todas esas opciones visuales legítimas de las últimas vanguardias y en plena emergencia del medio digital. Las posibilidades de este medio y de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación asociadas a él, son inmensas aunque aporten poco o nada a la Pintura y lo hagan, en todo caso, a la Historia del Arte…, pero mi pregunta, mi indagación quiere aclarar si aún es posible pintar con un sentido, si aún la Pintura puede aportar nuevas lecturas y continuar componiendo lenguajes dentro de su propio ámbito.

Realmente, las posibilidades estilísticas y conceptuales que se han desplegado a lo largo del siglo XX son innumerables y exhaustivas. Es verdad que la fotografía, el cine y el video han hecho realidad o, al menos, han facilitado una mimesis aceptable y una creación visual en muchos casos asombrosa. En el caso del cine, su desarrollo comercial ha tenido lugar, sobre todo, a expensas del teatro. Hoy, el teatro, con relación a la producción seriada de video digital está en la misma situación que la pintura con relación a las artes visuales digitales, séase la fotografía digital o la videoinstalación.

Observar un cuadro, convivir con él, parece ya cosa del pasado. Los propios materiales se ennoblecen, los pigmentos apuran su luminosidad y se acicalan para un espectador que a lo mejor ya no existe, porque las nuevas tecnologías están cambiando no sólo nuestros hábitos y maneras de pensar sino también nuestra forma de mirar y observar el mundo. ¿Podremos serenarnos ante un plano coloreado? ¿Será posible contemplar unas manchas de pintura sin distraernos con los signos digitales que nos inundan por todos lados?

30 agosto 2017Enlace permanente