Ishraq, los colores del alma. Metafísica de la luz y fenomenología del color

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“Y toda la belleza de variados colores que ha creado para vosotros en la tierra: ¡Ciertamente, en esto hay un mensaje para quienes están dispuestos a tomarlo en serio!”

(Qur’án, sura 16, aya 13)

La luz no es visible en sí misma si no es a través de su modulación cromática, de una diversidad de luces coloreadas ordenadas que la tornan legible y vivenciable para nosotros, articulándola, secuenciándola o inflexionándola en la diferencia, tornándola lenguaje. Estas inflexiones, roces y alteraciones —“gozos y sufrimientos” en la terminología de Goethe—dibujan en nuestra fisiología un rastro de huellas coloreadas, suscitándonos la conciencia de la diversidad y la sucesión, del devenir y el acontecer.

Sentimos inevitablemente una clara remembranza de la luz cuando percibimos el color porque no podemos dejar de sentirlo como una huella o vestigio del acontecer luminoso.
Sin la energía posibilitante de este devenir luminoso nos resulta imposible percibir o tan siquiera concebir el color, la diversidad de los mundos y de los fenómenos. Al contemplar los colores no hacemos sino seguir el rastro de esa luz anhelante que nos hace ver y que nos va construyendo y deconstruyendo material y energéticamente, trazando un itinerario entre las sombras. Por otra parte, el color es un fenómeno genuinamente animal y humano. Aunque el color tenga una existencia, independientemente de si está manifestado o no, sin ojo que procese las ondas luminosas no hay manifestación cromática, sólo vibración, energía.

Por todo ello, cualquier investigación holística sobre el color ha de tener necesariamente en cuenta diversos ámbitos: la relación entre luz y color, las leyes y cualidades físicas de los colores, el mundo de la fisiologia y la percepción visual, y diversos segmentos ya culturalizados, vividos y aquilatados en el mundo del alma, en el lugar donde el color eclosiona como lenguaje, como signo capaz de configurar o prefigurar visiones y lecturas coherentes de nuestro acontecer.

Transitamos entonces desde el estudio físico de la luz y de los colores, primario y fundacional, hacia el sustrato más complejo de su significación, hacia ese mundo cualitativo y conformador que las vibraciones luminosas suscitan en nuestro interior, en nuestro yo o alma, modelando así nuestra visión y, a través de ella, nuestra concepción de nosotros mismos y de los mundos que transitamos. Peregrinamos desde el análisis de los procesos físicos, de la percepción visual y de su química molecular, hacia el ámbito de la memoria cultural y espiritual, y lo hacemos a través del sustrato psicológico y emocional, de ese mundo sutil de la imaginación activa y creadora donde habitan las almas. Analizamos, evaluamos y experimentamos el color desde todos los puntos de vista posibles e imaginables y no terminamos de cerrar su vasto círculo, sugerido en un arco iris que aparece y desaparece cíclicamente en el cielo de nuestra visión.

En todos los niveles de manifestación que abarca la experiencia visual  aparece el color. Los colores sensibles, impresiones y expresiones psicobiológicas de nuestro devenir terrenal, hallan en el arco iris una fuente de sentido y significado, de orden y secuencialidad estructurales, como si esa sucesión nos revelase la urdimbre del fractal que construye nuestra visión; visión que no es sino una expresión particular, cualitativa, huella o signo de un orden luminoso en este universo humano y terrenal, de un lenguaje que se constituye, en nuestros ojos y en nuestras conciencias, como un inevitable claroscuro.

También con bastante frecuencia vivimos la experiencia de luz y color como sentimiento de la belleza del mundo, en una mirada aparentemente dirigida hacia el exterior, pero esta experiencia se sustenta sobre todo en la visión interior, en ese ámbito intermedio de la imaginación creadora que Henry Corbin ha denominado tan acertadamente como mundo imaginal. El color imaginal surge, tanto en el recuerdo o visualización interior del color percibido ocularmente, como en la experiencia visionaria de las luces coloreadas en estados alterados de conciencia o en estados meditativos. Esta confluencia nos sugiere la íntima conexión de los mundos y sus aconteceres, las estrechas relaciones existentes entre la mente conceptual y las percepciones, entre materia y energía.

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Efectivamente, el color imaginal tiene una correspondencia fisiológica. Las experiencias guestálticas sobre percepción visual demuestran que los estímulos luminosos dejan una huella en nuestro organismo en forma de recuerdo fisiológico, una persistencia de la vibración luminosa en forma de luz coloreada o fosfeno. Si miramos fijamente durante unos segundos un objeto de un color rojo intenso y luego volvemos la mirada hacia otro lugar nos encontramos con la huella del objeto proyectando en nuestra visión la luz del color complementario, en este caso una luz verde, independientemente de que tengamos los ojos abiertos o cerrados. Algo similar nos ocurre al recordar el color, al recrearlo en nuestra imaginación. También el fenómeno de la sinestesia apunta a la existencia de estas modalidades sutiles de percepción cromática.

En la tradición occidental la primera mención moderna de esta fuente fisiológica del color la hallamos en la Farbenlehre de Goethe, aunque éste nos aclara que “sus manifestaciones se conocen desde tiempos remotos, pero como no se podía captar su fugacidad se los confinaba al reino de los fantasmas nocivos designándolos en este sentido con los nombres más diversos”.

En la segunda mitad del siglo XX, el fosfenismo ha sido investigado exhaustivamente por el doctor Francis Lefebure, quien ha desarrollado diversos métodos de estimulación cerebral por medio de la experiencia de las luces coloreadas que surgen en nuestra percepción a partir de la contemplación más o menos prolongada de una fuente luminosa. Estas investigaciones han sido la base de toda la tecnología de estimulación de ondas cerebrales mediante los dispositivos conocidos como megabrains13.

Lo más significativo de este método reside en el hecho de que, por primera vez, se establece una relación empíricamente comprobable entre los diversos ámbitos que integran el fenómeno de la visión, incluyendo el mundo del alma, mundo de la imaginación creadora, de la memoria y del recuerdo. La persistencia de las luces coloreadas en nuestro interior durante un período más o menos largo de tiempo determina una serie de reacciones fisiológicas que producen una intensa estimulación de las facultades cognitiva e imaginativa, además de determinadas funciones glandulares de producción hormonal.

Como hemos dicho anteriormente, también la Optometría, mediante las denominadas técnicas de fototerapia, se utiliza en nuestros días tanto como una potente herramienta de diagnóstico como para estimular la bioquímica del cerebro a través de la percepción visual. Además de corregir desequilibrios visuales, se ha constatado que la Fototerapia Optométrica mejora el estado anímico, el rendimiento general y el logro académico. La base de esta conexión entre la estimulación con luz coloreada y el equilibrio emocional o la potenciación del rendimiento intelectual, reside en la conexión de la visión con determinados centros cerebrales como el hipotálamo y la glándula pineal o epífisis, situada en el diencéfalo.

Estos centros glandulares influyen en el equilibrio bioeléctrico, químico y hormonal afectando a todas las funciones corporales. Cuando no hay luz, la epífisis produce melatonina a partir de la serotonina, una sustancia que regula los ciclos de sueño y vigilia y los denominados ritmos circadianos. Se investiga hoy si la serotonina podría ser responsable de producir los efectos visuales del sueño. Se encuentra también en la naturaleza en diferentes plantas usadas en la elaboración de ayahuasca, uno de los enteógenos14 más potentes que existen. Quizás por ello, Descartes, desde su visión dualista, estaba convencido de que la glándula pineal conectaba el cuerpo con el alma, y en los trabajos de los primeros  occidentales que investigaron los chakram o centros de energía de las tradiciones orientales, se identificaba a la glándula pineal con el “tercer ojo”, el chakra aina del hinduísmo.

Hemos de mencionar aquí que casi todas las culturas han utilizado las sustancias enteogénicas como un medio de acceder al mundo imaginal y a las fuentes imaginales del color. Son sustancias químicas que ya existen en el propio organismo y son producidas por las glándulas cerebrales al ser estimuladas por la luz, por el color derivado de ella o por otros factores aún no bien conocidos. Así, la dimetiltriptamina (DMT), que es uno de los principios activos contenidos en la ayahuasca, también se produce naturalmente en el cerebro humano. Algunos investigadores aseguran que esta sustancia se segrega de forma espontánea en las experiencias cercanas a la muerte y en ciertos estados místicos. La dietilamida del ácido lisérgico (LSD) está presente en el cornezuelo de centeno y la psilocibina en ciertas variedades de hongos. La mescalina se obtiene de algunas especies de cactus como el peyote o el San Pedro. Se trata de una fenetilamina relacionada estructuralmente con un neurotransmisor, la noradrenalina y con la hormona epinefrina. Tanto la mescalina como la psilocibina y el toloache han sido utilizadas tradicionalmente por los chamanes en rituales religiosos, entre las culturas indígenas americanas, como inductoras de una apertura psicoespiritual.

Las visiones que estas sustancias producen en nuestro interior se caracterizan por su intenso colorido y su vividez. Tras una experiencia enteogénica plena de luces coloreadas el ser humano suele regresar al mundo ordinario con su capacidad de percepción cromática acrecentada.

Entonces, si la luz está presente tanto en el mundo exterior que percibimos como en nuestro propio organismo ¿dónde surge el color, en qué rincón emerge? El mundo que vemos ¿está ahí fuera? ¿está dentro? ¿fuera o dentro de qué o de quién? ¿del cuerpo? ¿del yo? ¿Dónde está el límite, la frontera, entre lo interior y lo exterior? El color nos ayuda a vivir ese tránsito constante entre los mundos, a recordarnos, desde el ámbito fronterizo e imaginal, que hay una corriente de intercambio energético que no se detiene, que desborda los límites. La luz y el color están allí, ahí y aquí, nos hacen recordar argumentando nuestra visión, haciendo legible y comprensible nuestra experiencia del mundo, del acontecer, y nuestra propia naturaleza de claroscuro.

Todo ello nos lleva inevitablemente a reconocer que son muchos los ámbitos donde acontece el fenómeno del color pero también que, independientemente de dónde se produzca su brotación, podemos decir que el color es primariamente inflexión, información, señal, y que, como todo código de señales, el lenguaje cromático ha de comprender una lexicografía, una gramática, una sintaxis, una semiología y una hermenéutica. En el marco de las culturas occidentales modernas, los primeros ámbitos han suscitado más interés que los últimos, y, de éstos, el más relegado hasta hoy ha sido seguramente el ámbito hermenéutico, por la imposibilidad del pensamiento moderno más tardío de utilizar marcos interpretativos unitarios, un serio problema epistemológico del que hablábamos al comenzar este ensayo.

La hermenéutica, en este caso aplicada al color, requeriría de una actitud y una visión holísticas que trascendiesen el marco lógico y analítico de la física y la biología —e incluso el más aparentemente subjetivo de la psicología— como ciencias separadas e independientes, y se abriesen a una dimensión más insegura y vulnerable, a un ámbito de experiencia interdisciplinar donde pudiesen vislumbrarse, además de las diferencias y especificidades, los vínculos y señalamientos, las homologías y correspondencias. Esta actitud y esta visión más allá del análisis mecanicista han eclosionado en la contemporaneidad durante las dos últimas décadas, por lo que aquel olvido resulta aún comprensible. Hoy hablamos ya de Biofísica y de Biofotónica, como campos de investigación holística que tienen en cuenta los diversos aspectos del fenómeno lumínico/cromático.

La voluntad hermenéutica siempre aspira a alcanzar el manantial de los significados, ese ámbito polisémico donde entran en contacto los datos de nuestra experiencia sensible y el mundo abstracto de la lógica y de las ideas, mediante la visión imaginadora, la meditación y la experiencia conceptual más extrema. Quizás sea este el ámbito que pueda sernos de más utilidad a la hora de abordar un estudio unitario y holístico del color desde una perspectiva fenomenológica.

El recorrido y los aconteceres de la luz en la creación son, al mismo tiempo que vibración escueta, señales llenas de sentido, estaciones alumbradoras de la conciencia. Darse cuenta de ello es asistir al fenómeno de la transmutación incesante, de una creación constante y recurrente. Las experiencias cromáticas que vivimos a diario, en su mayoría inconscientes o poco conscientes, conforman literalmente nuestra visión interior, colorean por así decirlo nuestra imaginación conceptual, componiendo un entorno formal favorable al conocimiento, a la comunicación y a la co-creatividad, soportando en gran medida los diversos lenguajes que utilizamos.

Notas
13. A modo de anécdota o de coincidencia, podemos reseñar que el maestro de Lefebure, Arthème Galip, obtuvo sus conocimientos en Irán, en un antiguo templo zoroastriano.
14. Un enteógeno es una sustancia, habitualmente de origen vegetal, que al ser ingerida provoca estados alterados de conciencia. Normalmente estos estados conllevan visiones intensas de luces coloreadas de una vividez superior a la visión ocular normal. La cultura moderna occidental también ha explorado estos mundos visionarios a través de sustancias enteógenas de síntesis como el ácido lisérgico (LSD), la dimetiltriptamina (DMT) y otras. Fue Albert Hoffman, químico suizo, quien sintetizó en 1938 la LSD, presente en el cornezuelo del centeno. El propio Hoffman hace remontar el uso de estas sustancias a la cultura griega, asegurándonos que se utilizaban habitualmente para la iniciación en los Misterios de Eleusis.

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28 octubre 2016Enlace permanente

Ishraq, los colores del alma. Física de la luz y fisiología del color

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La radiación electromagnética del universo comprende un espectro vibratorio de una amplitud casi inimaginable 9: Rayos gamma, rayos X, luz ultravioleta, luz visible, luz infrarroja, microondas y ondas radiales. La radiación emitida por nuestro sol ocupa tan sólo una fracción mínima de todo ese espectro y comprende la luz ultravioleta, la luz visible y la luz infrarroja. La denominada luz visible es, por tanto, una parte casi insignificante de toda la radiación.

Las ondas más cortas —rayos gamma, rayos X y luz ultravioleta— tienen tanta cantidad de energía que pueden romper átomos y moléculas. Conocemos los perniciosos efectos de algunas frecuencias de luz ultravioleta en los seres vivos. Por el contrario, las ondas que son más largas que las de la luz visible no ejercen un efecto destructivo sobre la materia y los seres vivos porque su energía es mucho menor. Entre ambas frecuencias se sitúa la que denominamos luz visible 10, que se constituye en ingrediente conformador de la materia y de los seres vivos. Las frecuencias comprendidas en la luz visible contienen la llamada energía de umbral, una vibración que favorece y posibilita todas las reacciones y procesos químicos que soportan la vida.

La atmósfera terrestre sirve de filtro a las radiaciones solares y cósmicas, dejando pasar la luz visible, la infrarroja —el calor— y una porción de radiación ultravioleta que no es perjudicial sino necesaria para algunos procesos vitales, como la síntesis de la vitamina D en los animales y la fotosíntesis de los vegetales. Los cambios atmosféricos influyen en la composición de la radiación que llega hasta la biosfera que habitamos los seres humanos. El debilitamiento de la capa de ozono, por ejemplo, deja pasar una mayor cantidad de radiación ultravioleta, afectando a los seres vivos, a la salud y al equilibrio ecológico del planeta.

Pero no sólo el aire atmosférico sino también el agua sirve para modular y filtrar la radiación electromagnética. La luz visible es la única radiación capaz de atravesar el agua. La infrarroja, que ha podido atravesar el aire atmosférico liberando calor, sólo penetra unos cuantos milímetros en el agua. La luz roja penetra unos ocho metros, la amarilla alcanza hasta los cien y la luz verde desciende hasta más de doscientos cuarenta metros.

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La denominada luz visible también desencadena los procesos químicos necesarios para producir la visión en el ojo humano. Los fotones atraviesan el iris por su centro, por la pupila, y llegan hasta el interior del globo ocular, estimulando las células de la retina. En ellas existe una gran cantidad de moléculas de una sustancia llamada rodopsina, que se transforman y cambian con el impacto de los fotones. Esta reacción físico-química acaba generando una corriente bioeléctrica que llega hasta el cerebro a través del nervio óptico. Solamente la energía que se sitúa dentro de la llamada banda de luz visible puede generar —en inevitable tautología— la visión.

Hoy sabemos que la retina tiene dos tipos de células sensitivas a la luz, los conos y los bastones. Los bastones son células que permiten ver en la oscuridad, funcionan con baja intensidad de luz pero no registran el color. Los conos perciben el color, pero necesitan de un alto grado de iluminación para activarse. Tenemos tres tipos de conos que perciben el rojo, el verde y el azul. La estimulación de estos tres tipos de biosensores permite generar toda la gama RGB de objetos cromáticos en nuestra visión.

Desde un punto de vista perceptual, hay seis colores primarios dispuestos como pares opuestos a lo largo de tres ejes. Estos tres ejes encuentran su correspondencia con los tres canales de luces coloreadas que se obtienen al juntarse los estímulos de rojo, verde y azul —RGB— en las células de la retina: Uno es el canal de luminosidad, basado en la suma de los tres tipos de conos, que produce la percepción de la intensidad luminosa, del claroscuro (blanco-negro). Otro es el canal rojo-verde, que surge de la diferencia de excitación entre los conos sensibles al verde y los sensibles al rojo y un tercer canal amarillo-azul, que emerge de la diferencia entre conos sensibles al azul y la suma de la excitación de los conos sensibles al rojo y al verde.

Por otra parte, en la década de los ochenta del pasado siglo, el biofísico alemán Fritz Albert Popp demostró experimentalmente que todas las células de los organismos vivos emiten una luz coloreada muy débil. Esta luz, denominada luz biofotónica, es una radiación armónica que tiene la capacidad de comunicar las células entre sí. Células del mismo tipo producen fotones de la misma frecuencia que interfieren entre sí, creando canales de comunicación entre ellas por empatía o resonancia vibracional. Los fotones transmiten información sobre el cómo y el cuándo de determinadas reacciones químicas en el interior de las células. Las investigaciones de Popp concluyen en que la luz biofotónica se produce en la dinámica profunda de todos los procesos biológicos.

La ciencia contemporánea escapa así del paradigma mecanicista y entra en contacto con determinadas tradiciones holísticas, que se han expresado en términos análogos durante siglos. Los seres vivos no sólo son materia sino que emiten energía en forma de campos electromagnéticos, en este caso luces coloreadas, produciéndose una constante interacción entre ambos modos de manifestación. Todo lo que se manifiesta puede hacerlo al mismo tiempo como materia y como onda energética. Materia y energía son aspectos diferentes de una Única Realidad, de un campo unificado que no alcanzamos a conocer ni abarcar nunca del todo.

Con el descubrimiento de la biofotónica, la tensión onda-partícula, ya bien conocida por la física, ha alcanzado a la biología: Los seres vivos y, entre ellos, los seres humanos, somos al mismo tiempo materia y onda electromagnética. Estamos formados por células y sustancias químicas, pero en ellas surge un campo energético luminoso. Esta constatación implica un nuevo paradigma, holístico, no mecanicista, más abierto e inseguro, aplicable al conjunto de todos los seres vivos. Las aplicaciones terapeúticas de este principio comienzan a producir sus frutos. Existen ya métodos de fototerapia sintónica que utilizan las luces coloreadas de un prisma directamente sobre los ojos de los pacientes, afectando al funcionamiento glandular y normalizando la producción de hormonas. La luz coloreada restablece así el normal funcionamiento corporal, de una manera psicofísica, es decir, holística.

La luz que podemos percibir fisiológicamente mediante sus inflexiones cromáticas en nuestras retinas interacciona con nuestra propia luz biológica. Cabe entonces preguntarse si la naturaleza energética y luminosa de nuestros propios procesos vitales —biológicos, psicológicos, emocionales— percibida por la biofotónica de manera sutil pero inequívoca, puede ser esa misma frecuencia luminosa que se manifiesta en la experiencia meditativa de las luces coloreadas, en el mundo fronterizo del alma imaginadora, descritas por místicos y artistas.

Esta visión no mecanicista, holística, del acontecer luminoso y del fenómeno cromático constituye la base de la cromoterapia contemporánea, una ciencia que se mueve en el delicado terreno fronterizo entre la física, la neurofisiología y la psicología del color. Pero esta visión no es tan nueva e inédita. Casi todas las grandes culturas han utilizado el color para prevenir y tratar enfermedades o para inducir estados de conciencia. Los antiguos sanadores usaban objetos coloreados y los lugares donde realizaban sus tratamientos estaban también pintados de determinadas tonalidades.

En la Persia zoroastriana, cuna no casual del pensamiento auroral de los ishraquiyún, se practicaban terapias mediante cristales que eran usados como medio de producir diferentes luces coloreadas. Estos cromoterapeutas persas transmitieron más tarde la tradición ayurvédica a la India, un paradigma que está basado en el principio holístico de que cuerpo, mente y medio natural son aspectos de un mismo campo energético inteligente que lo envuelve y penetra todo, produciendo y sustentando la vida.
En nuestro tiempo, la fototerapia optométrica utiliza diferentes frecuencias lumínicas que actúan estimulando la bioquímica cerebral a través de la conexión nerviosa existente entre la retina y el hipotálamo. Básicamente esta ciencia, en primer lugar, evalúa la sensibilidad a los diferentes campos de color —RGB— en la retina de los pacientes siguiendo un itinerario determinado, normalmente verde-rojo-azul. El campo verde es el más reducido y el que tiene más sensibilidad a las condiciones lumínicas extremas. Medir las contracciones y expansiones de estos campos en la retina ofrece información sobre el estado vibracional de diferentes áreas y órganos del cuerpo.

Se considera aquí, además, que el color es un tipo de información energética que se registra a través de las emociones y los estados psicológicos. Así, una constricción o pérdida de sensibilidad a la luz verde indicaría, según el investigador Larry Wallace, que “una persona tenga dificultades en sus relaciones personales o familiares. Una pérdida de sensibilidad frente al verde también podría implicar emociones como amargura, pena, cólera, egocentrismo, soledad, y carencia de expresiones de perdón en el aspecto psicológico de la persona” 11.

El segundo campo de color es el rojo, que representa la integralidad sistémica del organismo. Las contracciones en el campo rojo indican congestión, sobre todo del sistema circulatorio. El campo rojo está estrechamente correlacionado con el campo simbólico. El campo azul es el último en ser trazado y es habitualmente el más grande.

Tradicionalmente el campo azul se lee como una expresión de la integridad energética del corazón y del sistema suprarrenal. Los campos azules representan la creatividad y se relacionan con sentimientos tales como seguridad/miedo o claridad de pensamiento y estados meditativos.

El reequilibrio de estas disfunciones que expresan los distintos campos de color retinianos se consigue mediante el uso directo de fuentes de luz coloreadas RGB que compensan las constricciones y desajustes de los tres campos básicos. La influencia lumínica sobre el organismo se produce por un efecto de resonancia entre los fotones de la luz exterior y el campo luminoso emitido por las células.

Incluso se ha podido verificar que “la radiación luminosa de las células próximas a morir se intensifica visiblemente, y que los procesos de reparación del ADN lesionado están relacionados con la fotorreparación o fotorreactivación, fenómeno experimentalmente establecido por el cual los daños genéticos de las células y las formaciones celulares —cualquiera que haya sido el modo en que se provocaron— se reparan prácticamente siempre en sólo unas horas cuando son irradiados por una débil radiación ultravioleta de una banda espectral particular” 12.

Notas
9. La longitud de onda más amplia puede tener varios kilómetros y es 1025 veces mayor que la más corta, que mide una billonésima de centímetro. La radiación más corta, los rayos gamma, es la más energética y rápida, mientras que las más largas y lentas se denominan ondas radiales. La luz visible se sitúa entre ambas.
10. Aceptamos y utilizamos aquí la denominación de luz visible aún a sabiendas de que se trata de una etiqueta errónea. No vemos la luz sino que es la luz lo que hace posible nuestra visión. Sería más correcto decir luz visibilizadora, pero este último término, paradójicamente, no existe en los diccionarios.
11. WALLACE, Larry, Color fields in Syntonics. O.D. Journal of Optometric Phototherapy, March 2002. Traducido por el autor.
12. Sánchez Mellado, Alejandro. La luz biofotónica o el fin del materialismo. Pliegos de opinión.
19 octubre 2016Enlace permanente

Tradición y pensamiento holístico

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El viejo paradigma mecanicista/racionalista, aún hoy vigente, con el neoliberalismo como fuerza de choque inercial y camisa de fuerza colectiva, ha consolidado un arte de los media que favorece, sobre todo la insensibilidad y el consumo.

La gran pregunta hoy es si el arte será capaz de proponer y ofrecer alternativas a ese viejo modelo paradigmático, de generar lenguajes y discursos holísticos, unitarios, que sean la expresión de ese nuevo paradigma que está adviniendo casi sin que seamos demasiado conscientes de ello.

Necesitamos crear sentido, significado, volver a revitalizar en el ser humano la capacidad simbólica, liberando a los símbolos de la cárcel alegórica en la que los ha encerrado el racionalismo y donde los mantiene hoy el neoliberalismo a través de la coerción sistémica subsiguiente a la llamada ‘cultura de la imagen’ y a los grandes medios de condicionamiento mercantil y publicitario: TV, Internet, etc.

Por otra parte, la subjetividad ha producido, en el arte de la segunda mitad del siglo XX, todo lo más una denuncia “desde dentro” del propio sistema. Ha servido para hacernos más conscientes de la cadena y del horror, pero no nos ha ofrecido, de una manera general y consistente, la posibilidad de atisbar los horizontes de un mundo nuevo, más humano y solidario, más vivible para los seres humanos.

Cuando observamos las tradiciones artísticas de las culturas antiguas percibimos una actitud común de expresión de lo trascendente, una experiencia simbólica que, en muchos casos, expresa claros paralelismos, tal como ya advirtieron Mircea Eliade Levy Bruhl y otros pioneros del estudio de la antropología.

Estas tradiciones artísticas no estaban separadas de la ciencia ni de la religión sino que constituían la expresión de diferentes cosmovisiones, las palabras de una descripción que va más allá de lo racional y se adentra en lo intuitivo, tratando de compartir o transmitir una gnosis, una sabiduría general y unitaria a partir de sus propias visiones y creencias y que hoy ya denominamos ‘holística’.

Regresamos hoy a esa Sabiduría Perenne, a esa Tradición Unánime de la que nos hablaron René Guénon, Mircea Eliade, Henri Corbin, Martin Lings y otros tantos que vislumbraron el cambio paradigmático en que ahora nos encontramos a comienzos del tercer milenio.

Y es por estas razones por las que hemos de retomar la tarea de construir un arte objetivo, y digo ‘retomar’ porque fue esta la intención de algunas de las vanguardias del siglo XX, de las que hemos hablado anteriormente, a propósito sobre todo de la Pintura.

Sobre esta ultima sólo podemos atisbar la necesidad de sumergirnos en una acción holística e interdisciplinar mediante el trabajo interior, mediante una gnosis que permita al pintor expresar sus sentimientos y ‘construir’ la obra, no exactamente a la manera del Constructivismo, del De Stijl, del Albers y el Kandinsky del Bauhaus, de Klee o Gertsner, pero sí teniendo en cuenta todas las aportaciones teórico-prácticas de todos ellos y de otros que no nombramos pues sería demasiado prolijo anotarlos aquí y acabaría cansando al lector.

Pasamos del arte terapéutico en el que el ser humano proyecta sus anhelos, miedos y fantasías personales a la visión interior de una realidad nueva, universal, común, de gran utilidad espiritual en el sentido de que ayuda al ser humano a expandir su conciencia a ensanchar su ‘experiencia de la realidad’. Este arte holístico requiere necesariamente de una intensa y profunda experiencia del pintor. Muchas de las teorías modernas sobre forma y color nos sirven, son válidas ahora, pero necesitamos nuevas praxis de la Pintura, nuevas síntesis.

El hecho de que antaño, anteriormente a la aparición de la fotografía existiesen pintores ‘descriptivos’ y de que se prodigasen durante siglos nos muestra, entre otras realidades, el repertorio inagotable de las artes visuales. ¿Niega El Greco a Velázquez o éste a Goya? No…, siguieron una estela, un camino.

Hoy, nosotros, los aún pintores que vivimos en esta transición profunda de cambio paradigmático tenemos a nuestra disposición toda la información contenida en la Historia del Arte, una información valiosa si sabemos usarla e interpretarla con un propósito e intención liberadores.

Necesitamos formas, colores, cuadros que nos ayuden a trascender nuestra cárcel mental, no que conjuren éste o aquél demonio de la cultura. Necesitamos producir obras que transmitan la paz, la libertad y la apertura de conciencia que necesitamos como seres humanos, obras que aboquen al espectador a su interioridad vacía, a su silencio creador..

La abstracción, la geometría, el color primario —tal como propusieron algunas de esas ya viejas vanguardias— son hoy herramientas válidas y vigentes.

(Extraído de la obra de Hashim Cabrera El ser de la Pintura)

25 abril 2016Enlace permanente

Notas sobre Arte y Belleza

(Extraído del blog de Esteban Díaz Cambiar el mundo) (http://www.estebandiaz.es/arte-y-belleza/)

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 “…las ya viejas vanguardias y las novísimas tecnologías han cercado el quehacer propio de la pintura, aunque aún existamos los pintores, aunque todavía pintemos, aunque ahora sea todavía más difícil mantener el estatus artístico propio de la pintura, su razón de ser necesaria en el conjunto de las prácticas que tienen por objeto la expresión de esa necesidad interior del ser humano que, algunas veces aunque no siempre, aboga por una experiencia de la Belleza, incluso por una experiencia estética que ahora se desliza entre las incesantes imágenes de la publicidad y de los medios audiovisuales que conforman la red.” (“Cerco a la pintura” Hashim Cabrera)

1. No puede afirmarse que percibiéramos en el Arte del Siglo XX, y no sólo en el ámbito de la pintura, un claro principio que tuviera “por objeto la expresión de esa necesidad interior del ser humano que, algunas veces aunque no siempre, aboga por una experiencia de la Belleza”. No obstante, sí hallamos en algunos artistas una inequívoca “experiencia de la Belleza”; aquellos que no sucumbieron a los llamados monetarios del mercantilismo capitalista, como tampoco capitularon a los intereses de las galerías de Arte -alineadas con la mercadería del “sistema”-, con los que seducen y malogran, por lo general, a los artistas.Siguiendo con la conjetura de Hashim Cabrera, desde la que declara esa dificultad de mantener la “razón de ser necesaria” de la pintura en el conjunto de todas las prácticas artísticas, debido al “cerco [de] las ya viejas vanguardias y las novísimas tecnologías”, no nos inquieta tanto como el uso que el mundo del Arte pueda hacer con la comercialización de las obras, la multiplicación de los espacios artísticos, las propuestas estéticas y los modos de expresión de la actividad artística, debido al deslumbrante y amplísimo desarrollo tecnológico que ha permitido expandirse y vigorizarse, al tiempo que generaba nuevas posibilidades, así como creaba nuevos territorios transversales, desde donde el artista puede realizar su trabajo. Pero insistimos en la idea de que no nos resulta fácil encontrar en el Siglo XX un propósito definido que apuntara hacia la Belleza, extendiéndose esta notable ausencia a los primeros años del Siglo XXI.

Cuando hablamos de Belleza, no sólo nos estamos refiriendo a un ideal clásico perseguido por el artista, sino a todo el contexto que lo envuelve, desde sus propias facultades, que le permitirán la aprehensión de lo bello  -no diferentes -las facultades- a las de cualquier ser humano “sensibilizado/educado” con/en el Arte-, como la(s) técnica(s) adquirida(s), y al mismo proceso que le conducirá a “saber” en qué obra se aplicará y el que conducirá todo el trabajo, sin que obviemos la repercusión cultural que pudiera conllevar la divulgación de su obra. Centrándonos en las artes plásticas, y muy en concreto en la pintura, el Arte requiere de un proceso complejo en el que el artista vive circunscrito por un “estado subjetivo” que le permitirá encontrarse en un “viaje” desde lo interno a lo externo, en el que desarrollará su trabajo, sea intelectual/sensitivo (Velázquez, Rembrant), o ascético/místico[1] (El Greco, Zurbarán), o de indagación y/o de meditación (Arte oriental). Cuando hablamos de un “estado subjetivo” místico, indagatorio o meditativo, no estamos incluyendo “necesariamente” al “Arte sacro/religioso”, que participará del carácter representativo, como las demás vertientes de la pintura o de cualquiera de las disciplinas artísticas.  Inscrito y circunscrito el artista por el proceso de trabajo, no importa de qué naturaleza sea éste, lo verdaderamente sustancial reside en esa conciencia de estar ceñido por aquello que está surgiendo -traducido en Arte-, bien desde su psique (o conciencia del individuo, el complejo mundo de sus pensamientos, sensaciones, sentimientos, emociones…, que reconduce desde su mente consciente al trabajo que realiza, mucho de lo cual emerge de su mente subconsciente, junto a todo aquello que “capta” de lo que Jung denominaba el “inconsciente colectivo”), o bien desde su conciencia o alma espiritual, si es ésta la que le impulsa a la contemplación y a la motivación artística, en el caso de quienes se adscriben vivencialmente a una determinada espiritualidad, si bien, en numerosos casos, es difícil delimitar estas dos vertientes del Arte, como veremos más adelante.

Igualmente no parece clara la voluntad de reclamar una cultura que demande una exigencia consustancial al Arte que requiriera del pintor “una experiencia de la Belleza” -exigible a nuestro juicio-, incluso “una experiencia estética que ahora se desliza entre las incesantes imágenes de la publicidad y de los medios audiovisuales que conforman la red”.  Si nos dejamos guiar por los medios y por la política, y por todo lo que gira en torno a ambos, en tanto que  modos de comunicación, la estética es un recurso de la nueva retórica, que nada tiene que ver con la Belleza ni con el Arte, aunque sí con lo políticamente correcto o aceptable, aunque brillen por su ausencia la falta de ética y de moralidad. A veces nos viene a la mente una idea algo peregrina pero que puede tener visos de realidad. Nos referimos a que lo “viejo” (que aún perdura muy extendido y fuertemente incrustado en las vidas de quienes se aferran al viejo paradigma), para perpetuarse en sus aberraciones, desmanes, contradicciones y sinsentidos, tiene la voluntad de construir el Siglo XXI con los “materiales” del Siglo XX, pero desdibujándolos hasta tal punto, que pierdan el sentido referencial que le confería el significado.

Es posible que el recelo del pintor cordobés tenga argumentos reales que le lleven a preocuparse por el “cerco” con el que “las viejas vanguardias y las novísimas tecnologías” han invadido el mundo del Arte, deslizándolo hacia los innumerables campos en los que se propaga la red (publicidad, medios audiovisuales…). Pero hay una realidad en la que hemos de insistir, y es que el Siglo XX, siendo éste el tiempo de la comercialización de todo aquello que producía el ser humano, en cualquiera de los dominios de la cultura, la Belleza no fue requisito exigible para que la obra pictórica/artística fuese considerada una obra de Arte. Todos conocemos artistas que se resistieron (y aún hoy encontramos quienes se resisten) a la alienación exigida por el “sistema”, aun cuando se supieron inscritos en el seno del mismo. Vivir en el “sistema” no conlleva necesariamente vivir alienado por el “sistema”. Basta con tener clara la conciencia de que el trabajo que se realiza trasciende los valores del capitalismo al “sustraerse” el artista/el ser humano a los condicionantes, a los canales de publicitación y a los valores con los que el “sistema” manipula la vida individual y colectiva del tejido social, nacional o global. Vivir/trabajar con/desde aquello que lo define y dignifica como ser humano es el antídoto contra la alienación que el “sistema” reclama como pago por participar en su dinámica.

2. Expresar la Belleza es conocerla, pero para saber de ella es preciso “apreciarla/gozarla/vivirla”, “sentirla” unida a nuestro propio ser, pues es inherente y unívoca en cada ser humano. Hablamos de esencia, de lo bello que esconde la apariencia y de lo que desde tan inasible lugar puede “emerger”. Pero también hablamos de lo bello externo de un objeto -de lo cual no ponemos en duda que pueda poseerlo-, motivo generalizado de temática para el pintor/artista, o de la realidad objetiva que aparece a diario ante nuestros ojos, que puede resultarnos agradable o no. ¿Qué diferencias se encuentran entre la pintura de El Greco y la de Velázquez, siendo ambos magistrales pintores? ¿Entre Zurbarán y Botticelli? Hay Belleza y maestría en todos ellos, sin lugar a dudas. ¿Pero se trata de la misma aprehensión de la Belleza? No nos referimos a la subjetividad o la objetividad que el artista quiere dejar impresa en la obra artística. Nos referimos a la naturaleza de la Belleza que nos comunica cada uno de ellos con su trabajo.  El Arte invita al receptor a la contemplación de la Belleza, y en la obra del pintor, además, ha de percibirse la huella de “su experiencia contemplativa” de lo bello de aquello que sus sentidos e intelecto aprehendían. Unida a su proceso de trabajo, hay una hermenéutica del artista, sin duda, mediante la cual interpreta el objeto/escena… dejando constancia de todo este mundo manifestado como “obra artística” de no fácil aprehensión desde “fuera” del proceso de gestación y terminación de su obra; y otra hermenéutica, la del receptor de la obra, en la que pone a su disposición todo su “saber” localizado en su mente consciente, siempre ayudada por aquellos “datos” o “sensaciones” o “sensaciones”… algunos de ellos provenidos de su mente subconsciente que, junto a su “sensibilidad” artística, también entran en juego. Y en un lugar indeterminado entre una y otra hermenéutica se encuentra la comunicación que se establece entre ambos, desde la que el receptor, además de gozar/disfrutar de lo aprehendido, entra en ese “mundo personal” del artista, generándose un espacio “común” de “comunicación íntima entre ambos” que conlleva la experiencia  de contemplar toda obra artística. Belleza/ representación/ hermenéutica/ comunicación y la intencionalidad de entrar en el espacio de disfrute/goce que propone el artista son los elementos que motivarán al receptor a interesarse por la obra. La representación es lo primero que capta el receptor. Lo siguiente vendrá dado por la particular personalidad de cada uno de los receptores que contemplen la pintura.

Los pintores aludidos, como tantos otros, qué duda cabe que la supieron expresar, porque permiten al espectador percibir la “huella” de su mirada detenida sobre el objeto “apresado”/contemplado/hecho suyo para realizar su trabajo. No se descubre en un objeto artístico su Belleza si no ha surgido de “una experiencia” -escribía Hashim Cabrera- del pintor. O de cualquiera que trabaje en las diferentes manifestaciones artísticas.

Pero queremos destacar que la Belleza que se percibe en un cuadro de Velázquez, la perfección técnica y la exquisitez con la que expresa los mitos clásicos y la mito-sociología de la época, a veces coexistiendo ambas, la expresión de un Arte que manifiesta un cambio en la concepción de un mundo nuevo que se exterioriza mediante un nuevo lenguaje, una modernidad que basa sus principios expresivos en la representación del mundo, tal como lo “ve” el artista, el individuo burgués que se atreve a “representar” lo que por sí mismo percibe y conoce y goza intelectual y sensitivamente, a veces atreviéndose transitar por caminos allende la ideología religiosa o aristocrática -de nobleza o de dinero-, que como poderes fácticos eran quienes imponían en su tiempo los principios/valores/criterios a seguir, no es la misma Belleza que se expresa en el mundo pictórico de El Greco, cuya mirada proviene desde la interiorización del artista; una mirada en la que también se refleja la representación de un  mundo nuevo, porque existe en la obra una “representación” de lo que ha motivado su interés para plasmarlo en pintura. Mas en el caso de El Greco está motivada por la contemplación provenida de un proceso de interiorización, no diferente del proceso de interiorización del místico, de Juan de la Cruz o Teresa de Ávila, por citar algunos de los que ejercieron como guías de “caminos de perfección interior”, rutas que a veces no se alejan tanto de la perfección buscada intelectualmente, o en cualquiera de los ámbitos en los que se exigía, en esa primera modernidad, la “perfección” en el quehacer humano, se buscara ésta en el cortesano, en el artista o en el hombre/burgués de negocios. La espiritualidad elevada no estaba en la religión “oscurantista” de la época. Podía hallarse en la Corte o en el hombre de negocios o en el artista, si bien podemos afirmar, con toda certeza, de que en estos ámbitos eran “rara avis” aquellos que la practicaban. La “representación” del mundo también se halla en la mística, siendo subjetiva en su inicio la naturaleza de la misma. No obstante, conforme avanza en el camino de interiorización, la subjetividad vinculada a la psique humana va diluyéndose progresivamente hasta alcanzar un “estado” no subjetivo, sino interior, del alma desvinculada del concepto, de la psique, conectando mediante la absorción contemplativa con el Ser buscado y anhelado. Luego vendrá poner en conceptos/imágenes aquello que llegó como compresión espontánea y no conceptual. Se trata de dos motivaciones diferentes desde las que se indaga (y se encuentra) la Belleza: una por contemplación subjetiva, intelectual, sensitiva; la otra por contemplación del alma vuelta hacia el interior no conceptual, el ser que en morada interior habita, tal lo hicieron los místicos aludidos, aunque para expresarlo eligieran el lenguaje literario. Juan de la Cruz y El Greco recorren caminos paralelos, los de la vía contemplativa de los que nos habla la mística de comienzos de la Edad Moderna, sin apresurarnos en afirmar que El Greco también se adentrara en aquella vía que conduce certeramente al estado inequívoco de unicidad, como declaran algunos poemas y escritos del místico abulense. Tal vez se produjera. ¿Quién si no aquél que conoce tal estado puede reconocerlo como experiencia en otro, perteneciente al mundo del Arte o no.

Pero no toda obra artística conlleva en sí la expresión del ideal de lo bello. Y aunque el artista lo defienda referido a su obra con una amplia erudición sobre el tema, más que argumentar cómo el ideal de lo bello brilla en su trabajo, lo que prueba es su propia frustración o decepción, o su interés por ser reconocido en un mundo tan provisto de artistas y de obras, cuya inmensa mayoría son arrojadas a la papelera del tiempo, y ahí se olvidan o se autodestruyen. ¿Qué otra cosa le moverá a defender un trabajo que no se sostiene por sí mismo como manifestación del ideal de lo bello, si  no es ese afán de ser reconocido por su trabajo, aun cuando éste nada tenga de bello? Nuestra aserción nos obliga a hacernos dos preguntas: ¿Qué en verdad es el Arte? Y ¿quién en verdad es un artista? No es fácil responder a tan delicadas preguntas. Grande y sensible es la susceptibilidad del ser humano, y aún más la de aquéllos que dedican su vida entregada al Arte más allá de los beneficios económicos que les pueda proporcionar su actividad. O de los que viven como profesionales del Arte, sin que sus almas quedaran impregnadas del sabor de lo bello que va dejando el rastro de la obra artística, mientras en ella trabajan aquellos que sí conocieron/conocen y lograron explicitar la Belleza.

3. Si hay un “cerco a la pintura” -tal sugiere Cabrera-, hay que buscar las causas, no en las “viejas vanguardias” o en “las nuevas tecnologías”, sino en la base misma de los valores que definen al viejo paradigma mecanicista, en cuyo seno unas y otras surgen. Hablamos de un paradigma “envejecido”, porque a la vista está que sus principios y sus valores han deshumanizado la vida humana y desnaturalizado el tejido de la vida en el que nos inscribimos como un colectivo de vida integrado -lo reconozcamos o no/ lo aceptemos o no- al conjunto del tejido de la vida del hogar planetario que nos cobija. El mundo global del capitalismo trans-neoliberal ha topado con el muro de su caducidad, siendo filosófica y socialmente inviable su continuidad. El conocimiento del colectivo humano progresa siguiendo unas pautas que se repiten, siendo reconocidas por las crisis profundas en las que la Humanidad se ha visto envuelta. Tras las crisis profundas llega el cambio y la calma. Y es la dureza y gravedad de las crisis lo que indica el punto de inflexión del cambio, de la transformación. Estos cambios traen consigo una etapa nueva en la que el colectivo humano supera la etapa anterior despojándose de los valores que la definían y la dinamizaban. Nuestra crisis no es distinta. Aunque si abrimos bien los ojos, todo el Siglo XX ha sido el eficiente generador de las causas que ahora las recibimos como consecuencia de las mismas. Las crisis no son gratuitas. En tiempo de cosecha se recoge el grano sembrado. Y lo sembrado ha de ser reconocido en la cosecha. Creemos que la mayoría de los líderes políticos y gobernantes, de los pensadores, de los economistas, de los … no caen en la cuenta que nosotros hemos calculado. Y son todos ellos un lastre del que hay que desprenderse, haciéndoles comprender y aceptar qué granos han de sembrarse para recoger una cosecha en la que no falte el factor humano. Su dignidad. Su libertad. Su inclusión sin fronteras. Su cooperación vinculada siempre a la fraterna tolerancia y concordia. Su visión conservacionista de toda la vida del Planeta, entendiendo que no es el factor humano el rector del tejido de la vida en donde él se inscribe y desenvuelve sus roles y conectividad con el todo del tejido integrado. Un nuevo ser humano y un nuevo mundo. Esto nos está pidiendo la crisis que nos azota. No miremos tan obsesivamente la crisis; indaguemos en las causas reales.

Los valores del mercado, los de la demanda y los de la oferta, y la transversalidad a la que las nuevas tecnologías han conducido al Arte están detrás de la maniobra del capitalismo neoliberal, avariento e  inhumano, de mercadear toda actividad humana, interesado únicamente en convertir la vida social en un ente cosificado, un simulacro de la legítima naturaleza humana, impidiéndole desarrollar y manifestar su potencial de vida. El mecanicismo capitalista ha generado las reglas de juego y las condiciones para que el mundo global sea el espacio encerrado en sí mismo en el que se destruya todo valor que se identifique con las cualidades inherentes a “lo humano”, con las que desarrolladas y expresadas por cada hombre y por cada mujer, ambos encuentran la dignidad que su naturaleza encierra, por el solo hecho de nacer como seres humanos. Si queremos salir de la crisis que nos desconcierta y arruina, no podemos desatender lo sustancial humano.

Desprendernos de los valores del capitalismo trans-neoliberal significará superar la etapa de desnaturalización y deshumanización del ser humano. Trascender este viejo mundo presupone la exigencia de sustituir sus valores “viejos” e ineficaces para motivar hoy el progreso de un colectivo humano que comienza a dar muestras de creer que un mundo nuevo, de rostro humano, es posible. Reconocernos en los valores que se nos niegan en el modelo de sociedad mecanicista, aun cuando esos valores son nuestra propia esencia, significa iniciar un proceso en el que podrá construirse el mundo en el que todos los seres humanos vivamos conociéndonos libres, dignos, iguales en derechos y deberes, cooperativos y tolerantes, por el mero hecho de haber nacido “humanos”.

No olvidemos que la Tierra es el macro-ecosistema en el que los seres humanos encontramos nuestra integral/completa existencia en convivencia equilibrada y armónica con toda la variedad y la diversidad de vida que nos rodea. O así debería de ser nuestro posicionamiento consciente respecto del vínculo irrefutable que la vida mantiene consigo misma, en la que nosotros estamos inscritos/incluidos, aun cuando lo ignoremos. Decíamos que la crisis nos habla desde sus consecuencias, pero también desde sus causas. Comprender, en los albores del Siglo XXI, que la diversidad del tejido de la vida es interdependiente, conectiva, y en ese complejo conjunto de interdependencias, o de redes de conectividad, todo y todos los que componemos el entramado de la vida encontramos nuestra “integral” u holística existencia. O completud, la nuestra, en conectiva vida con la vida terrestre, porque de otro modo no podremos encontrar nuestra vida plena, holística, individual y colectiva. Este pensamiento viene forjándose desde el viejo Siglo XX. No es nuevo. Podemos hoy afirmar que estamos descubriendo (y descubriéndonos) en estos años de la incierta Globalización, gracias a la revolución científica, después de tantas décadas, nuevas vías que nos permiten abandonar los viejos usos de un mundo condenado por el obsoleto “sistema” mecanicista/capitalista al enfrentamiento, a las luchas de clases, a la competitividad, a la separación, intolerancia, competitividad y a la exclusión inhumanas. No obstante, la resistencia a avanzar por estas nuevas vías es aún fuerte, poseyendo mecanismos poderosos que impiden canalizar la nueva savia. Pero no debemos confundir los nuevos valores que emergen de una nueva conciencia, de una nueva cosmovisión, con los valores con los que el viejo modelo mecanicista se atavía para aparecer como lo nuevo a seguir. Si miramos y escuchamos atentamente, conoceremos que su lenguaje y sus modos de pensar y de hacer política y cultura son tan viejos como aquellos a los que quieren sustituir. No hay “novedad” en la lucha por el poder, por la división, la exclusión, por la calumnia que desacredita al adversario, la tensión social y política, la desigualdad y la descohesión social. Lo nuevo no tiene adversarios, es incluyente y cooperativo; administra el bienestar universal o bien común, como hemos expuesto en otros trabajos. Un viejo aforismo antiguo que leímos hace ya muchos años decía: “mata la idea de separatividad”. Y en un comentario, que aún recordamos nítidamente, se explicaba su sentido. De él nos serviremos con una breve paráfrasis que nos ayudará a comunicar con mayor exactitud la idea que veníamos expresando, porque la creemos extraordinariamente liberadora para el ser humano: aquello que tú consideras diferente o aquello que enfrentas a ti como tu enemigo es algo que no has sabido resolver dentro de ti.

No obstante de esta continuidad de lo viejo en los nuevos tiempos que estamos construyendo, los nuevos valores, que no son valores ajenos a “lo humano”, y por tanto son tan remotos/nuevos como la Humanidad misma, comienzan a aparecer unas veces entremezclados, otras veces confundidos con los viejos valores del mecanicismo. La savia nueva, la que no se deja enredar y estafar por los viejos usos, será la que termine por diluir los viejos valores del viejo paradigma, no porque los “combata”, sino porque su presencia en el tejido social cambiará/transformará lo que aún quede de viejos usos. Si hay trincheras, enfrentamos lo viejo con lo viejo. Ha sido el desconocimiento generalizado en el colectivo humano de su fuerza “natural”, devenida del conocimiento y desarrollo de  los valores humanos inherentes a todo ser humano y al colectivo en su completud, una de las causas, la más importante, de la desnaturalización de la vida humana y del grave deterioro e insostenible contaminación de nuestro hogar terrestre.

La percepción de la vida integral/holística de la vida planetaria, en la que nosotros, los humanos, somos parte sustancialmente integrada en el todo que la explicita, indica una nueva visión del mundo y del ser humano, que acentúa visiblemente la incoherencia de la racionalidad que deriva del viejo paradigma mecanicista, en el que el capitalismo trans-neoliberal encontró su expresión consumada y acomodo en tiempos de la Globalización.

4. Un viejo mundo deja paso a uno nuevo. Los valores del viejo mundo están siendo sustituidos por los valores del nuevo mundo. No está siendo un cambio rápido y cómodo. Se está produciendo -visiblemente para quienes tuvieron/tienen “ojos para ver”, “oídos para escuchar” e “intelecto para comprender”, desde los años de la contracultura, a mediados del Siglo XX, comunicando claras muestras de su vigor en la ciencia “dura” y en el pensamiento humanista que permitió que permeara en el ámbito de las disciplinas sociales y humanas. El rápido avance de la ciencia, especialmente en el terreno de la física, ha hecho posible un extraordinario y dinámico desarrollo de la tecnología -ciencia tecnológica- que ha invadido todos los ámbitos de la vida humana, enriqueciendo y ampliando las posibilidades expresivas y comunicativas de los seres humanos. El Arte no estará ajeno a este complejo desarrollo de la ciencia y de la tecnología. Sólo tiene que aprender cómo utilizarlo sin que limite sus campos y las posibilidades que se les ofrecen a los artistas.

La ciencia y el conocimiento progresa/avanza gracias al proceso evolutivo humano, a la vez que la Humanidad avanza haciendo uso de la ciencia/conocimiento adquiridos. Progreso evolutivo humano y progreso de la ciencia/conocimiento caminan con un mismo paso y un mismo ritmo. Por ello no hay que recelar del progreso científico-técnico. Ni de los nuevos campos que nos ofrece, incluidos los que se le abren al Arte. De lo que sí tendremos que recelar es del uso no ético e inhumano que los seres humanos hacemos de la ciencia y de los conocimientos adquiridos. La epistemología constructivista aporta una idea sustancial que deberá hacerse paso junto a los nuevos valores de la emergencia de un nuevo modo de comprender el mundo. Sus defensores apoyan la idea de una ciencia que no sólo debe estar al servicio del ser humano, sino que debe atender sus necesidades “reales”, éticas y morales, considerando el bienestar social como el valor vertebrador del modelo de sociedad que ha de construirse en el Siglo XXI (Humberto Maturana / Francisco Varela). Ciencia con conciencia (Edgar Morin / Ilya Prigogine). Arte con conciencia, añadimos nosotros. Ilya Prigogine decía que “Existen diferentes vías de interrogar al Universo en que vivimos, y la música es una de ellas. Nuestro entorno no es sólo color, sino también sonido y muchas otras cosas”. Es extraordinario que un científico nos proporcione sugerencias para buscar formas de transversalidad en el Arte, no sólo en el conocimiento, a pesar de la misérrima apuesta del capitalismo por super-especializar el conocimiento, convirtiéndolo en funcional y pragmático para servir a los intereses del progreso económico, olvidándose del progreso de la Humanidad en la forja de “su humanidad”, impulsada hacia un proceso evolutivo del que el paradigma mecanicista, que sostiene al capitalismo, ignora en provecho de su supervivencia. Esta posibilidad que nos ofrece el conocimiento para “interrogar”, desde las nuevas tecnologías, es decir, desde la ciencia, el Universo que nos circunscribe, también nos permite conocer que el Universo también nos está interrogando a nosotros, interactuando mutuamente, porque todo lo que tiene existencia no sólo tiene inteligencia, sino que es inteligencia. Para conocer cómo el Universo nos interroga e interactúa con nosotros, tal vez necesitemos primero conocer qué somos, y ese conocimiento sobre nosotros mismos seguramente nos conduzca a descubrir que, interrogándonos a nosotros mismos, lo hacemos también con el Universo. El conocimiento humano ha progresado en todos sus dominios, y quizás sea el momento de saber que todo este conocimiento sobre nuestro progreso está presente en la tradición milenaria de la sabiduría, de Occidente y de Oriente. Y aun lo estuvo en una dimensión que nosotros no podríamos sospechar ni medir con el saber que, en nuestros días de Globalización, hemos alcanzado. Ciencia con conciencia y Arte con conciencia, en tanto que hayamos logrado conocernos qué en realidad somos. ¿Seres limitados aferrados al terruño como la oruga, o libres surcando los espacios  infinitos del Universo, sabiéndonos uno con su ingente espacio e impensado contenido? Primero debemos aprender a ser conscientes de nuestras posibilidades y de nuestras responsabilidades. Una de ellas es la de cuidar del hogar que se nos dio para vivir y evolucionar junto a todas las formas de vida que lo integran, siendo todas ellas parte nuestra, del mismo modo que nosotros somos parte suya. Por esta sencilla verdad/razón tenemos el deber de “descontaminarnos” a nosotros mismos para poder descontaminar el hogar que se nos prestó para aprender qué cosa somos y qué cosa es este hogar planetario y el sistema de vida macro cósmica que nos circunscribe para darnos vida. Luego podremos pensar en viajar a la Luna o a cualquier planeta de nuestro entorno, o a cualquier lugar de nuestra Galaxia. Conocernos a nosotros mismos es conocer los secretos que el Universo  nos tiene reservados.

Uni-verso: volver a lo Uno indivisible. ¿Qué es Arte? ¿Qué es Conocimiento? ¿Qué es Ciencia? Con seguridad el ser humano del Siglo XXI logrará revelar estas tres preguntas. Oriente, en sus tradiciones de sabiduría nos dice que “hemos venido a la existencia -los seres humanos- para revelar”.  Más adelante nos ocuparemos de esta declaración, con la que nos aproximaremos al conocimiento de Oriente. De momento pensemos en qué significado tiene “volver a lo Uno indivisible”. Sin duda nos ayudaría y nos revelaría el conocimiento que los ingentes telescopios no pueden ofrecernos. Mirar lo interno del ser humano nos dará las respuestas que buscamos en lo más diminuto y en lo más ingente del Universo. Y aun podríamos afirmar, junto a las tradiciones de sabiduría, que  conocerse el ser humano en su verdadera realidad es conocer lo interno y lo externo del Universo.

5. Decíamos que este valor ético (humano) del “bienestar social”, o “bien común”, del que nos hablaron las utopías, ha de conjugarse desde el principio de unidad que se desprender de la nueva cosmovisión que, desde la contracultura del siglo pasado, viene desenvolviendo un sector importante de la nueva ciencia y del nuevo pensamiento. No encontraremos esta nueva “conciencia” en las Academias de las Ciencias ni en la “enseñanza académica” que dictan aquéllas como formación científica. La “universalidad” de la educación ha ayudado a la transversalidad del conocimiento, y ha calado su divulgación en el tejido social, gracias a los medios y a la red. Aunque la universalización educativa aludida se acerca y se confunde con la “masificación” infértil que ha desarrollado la cultura desnaturalizada del capitalismo trans-neoliberal avariento e inhumano, que no entiende del refinamiento y de los valores humanos universales que desplieguen el humanismo que se cosecharía en los fértiles pardos de un progreso basado en desarrollo y en la praxis de la excelencia del ser humano. La educación cumple con su propósito si el ser humano logra conocer y desarrollar el potencial con el que nace, la excelencia humana, es decir, si los programas educativos persiguen como propósito que el ser humano, como individuo y como sociedad, permiten conocer el alcance de su verdadera naturaleza.

Este es el contexto en el que ha de retomarse qué principios filosóficos deben regir, no sólo la ciencia -dura o blanda-; también el modelo de sociedad y los principios que ha de asumir la cultura y el Arte y su expresión, la de ambas, variada y diversa, con la que la actividad humana los podrá desenvolver. Nosotros liberamos el Arte de cercos, o lo limitamos ciñéndolo con un mal uso que hagamos del mismo mediante las nuevas tecnologías y la red. Lo liberamos si nos liberamos nosotros de los cercos en los que la mente nos encierra. Dependiendo de los principios y de los valores con los que “construyamos” el  mundo global, no sólo el Arte, sino el modelo social y cultural en el que queramos vivir, nos liberará o nos cercará limitándonos, sin conocer qué potencial encierra el ser humano, ya desde su nacimiento. El conocimiento que libera es el que nos desvela quiénes somos en verdad, señalándonos el rumbo hacia un nuevo mundo, libre de condicionantes, de cercos y de irracionales conductas que nos arrastren a la ignorancia en la que la vida humana se complace hoy. La naturaleza humanamente digna, sabia, libre, equilibrada, armónica y cooperativa con la que soñamos para el Siglo XXI dependerá de los materiales que utilicemos para levantar el hábitat que albergue una Humanidad madura, cuya racionalidad dialogue con la vida, con el tejido de la vida, inteligente, conectiva y auto organizativa, regulada en virtud de las relaciones que la inteligencia que la crea y la renueva.

6. Hay manifestaciones artísticas que nada de bello expresan -la comunicación de lo bello, con seguridad, no estaba en el propósito del artista-. O su incapacidad para expresarla. Esto es un hecho muy extendido en el Arte contemporáneo. La Belleza de la que hablamos, la encontramos descrita en las tradiciones de sabiduría, y no siempre en los tratados de la disciplina filosófica que tiene como objeto de estudio lo bello, la Estética. Mucho se ha reflexionado en Filosofía sobre la Belleza. Nosotros queremos situarnos en la emergencia de la nueva conciencia, que conlleva como base la cosmovisión de unidad, y cuyo principio vertebrador del tejido social -y por lo tanto de toda energía que individual y socialmente se movilice- sea el de la unidad. Miraremos la diversidad desde la unidad que la sustenta, alejándonos de la visión dual del mundo, que ve la diversidad sin percibir su unidad de base. Este sencillo y esquematizado paisaje constituye los cimientos de la nueva conciencia, de la nueva ciencia, de la nueva visión del mundo, de la nueva Humanidad. Y cambiará sin duda el modo de “comprender y ejecutar el Arte”. No son la ciencia, las nuevas tecnologías, la economía o las finanzas lo que moverá el mundo del Arte. Será lo que devenga de la aplicación del nuevo principio de unidad y de los valores que de él deriven de forma natural y espontánea. Será, entonces, la cosmovisión de unidad aquello que configurará un nuevo paradigma social y cultural regido por el principio de unidad vertebrador de la vida del mundo de una Globalización “concebida” desde las nuevas propuestas de unidad. El viejo paradigma mecanicista aparece ante nuestros ojos sin vigor para superar la crisis que sus propias contradicciones, diversas e ingobernables, generaron. En su seno, aquello que aparece nuevo y vigoroso, está atado por las contradicciones del “sistema”, de donde surgieron, a pesar de los esfuerzos por sobrevivir en un tiempo agotado. No hay salidas para esta nueva/vieja savia, excepto forzar la supervivencia, ante el derrumbe, el agotamiento de los viejos valores que luchan denodadamente, sin poder ocultar que se visualice más claramente su agonía. El mundo de las luchas, de las oposiciones, de las diferencias antagónicas y excluyentes, ha llegado a su fin. No se requiere de una aguda inteligencia para percibir el derrumbamiento del viejo mundo. Pero es lamentable ver cómo la juventud, la savia fresca, se agosta en los foros del combate, de la lucha por el poder de un mundo que se disuelve como la noche que recibe los primeros rayos del sol.

El Arte, al amparo de la deshumanización de la vida, parece chirriar con estridentes sonidos, desarmonía, frivolidades y abstracciones surgidas del dolor, de la incapacidad de percibir la Belleza, la que expresa el artista o la que encierra la vida de su entorno. El Arte como mercancía y producto de cambio da más beneficio que el Arte que surja de la contemplación de la Belleza. La Belleza de la que hablaba Sócrates con sus discípulos, según nos cuenta Platón, ha desaparecido. O la Belleza de la que se describe en los tratados renacentistas, que insistían en el equilibrio, la armonía, la mesura, el refinamiento del alma expresado a través del gesto que acompaña al/los personaje/s que se muestra/n en la obra artística. Para las élites intelectuales y artísticas de este período, tan imposible, no ya de emular sus logros, sino de comparar los de cualquier otro período posterior, el mundo de la existencia es un reflejo de su “modelo”, el Cosmos/Universo visible y el invisible, de donde el primero emerge como desbordamiento de la Armonía y del Orden del invisible Mundo de las Ideas. Podemos traer al hilo de nuestra argumentación la noción de Belleza que refieren los textos de la tradición de sabiduría de India, la tradición vedántica, en los que se describe el ideal de lo bello como desbordado de la Belleza como “cualidad” inherente al Ser, el Absoluto. Shatyam, Shivam, Sumdaram: Verdad, Bondad, Belleza, son “cualidades” con las que los sabios describen al Ser Supremo. “Describen”, pero no lo definen. Ningún concepto puede definirlo. Con estas “cualidades” o “atributos” sólo la mente humana puede aspirar a aproximarse a lo incomprensible de Aquello Único e Indiviso.  Hará falta un ingrediente más para que el ser humano pueda asimilarse a la Belleza: conocerse a sí mismo. Ésta de la que hablamos, es otra Belleza. En el Renacimiento, en sus más exquisitas almas, encontramos la idea que hemos reseñado de la sabiduría vedántica. La erudición libresca del humanismo (ver: O.P. Kristeller, Ocho filósofos del Renacimiento), que supuso el alejamiento de la clase intelectual de la tradición de la sabiduría (neoplatonismo de la época, y de la precedente medieval), olvidó lo que se le ofrecía como excelencia de una cultura de la que sólo refirieron someramente las utopías clásicas. Ambas “vertientes” del Arte han coexistido, confundidas como “materiales” que servían de reflexión sobre lo sublime del Arte, sin reconocer la manifestación “oculta” del Arte proveniente de las tradiciones de sabiduría.

Hay otros propósitos e intencionalidades que han motivado al artista a preferir adentrarse en otros prados, alejándose de la búsqueda de aquello que es imposible de ser hallado con la mente humana (aunque sí contemplado con el intelecto superior), que Descartes ya identificaba con el ser humano pensante (distinguiéndolo del ser cognoscente/Ser), conducido por los materiales que conforman su psique, y que recorren los siglos desde la Grecia clásica de nuestra civilización occidental, igualando las nociones de Arte (Lat. ‘Ars’) y de técnica (Gr. ‘techne’), significando aquélla una actividad humana “personal/subjetiva” que muestra su interpretación de la realidad objetiva, o imaginada, realizada mediante recursos de diversa naturaleza. El mundo del Arte es extraordinariamente amplio y complejo. Numerosas páginas han sido escritas sobre esta dimensión verdaderamente fascinante y seductora del quehacer humano. Y de la vida de su desarrollo; sobre todo porque el progreso y la evolución humana conllevan variaciones e incorporación de nuevos conceptos y propuestas, que enriquecen y ensanchan el mundo del Arte. Los medios que se utilizan son hoy asombrosamente diversos y numerosos, dado el progreso de la ciencia y de la tecnología, como exponíamos más arriba. Y aunque a lo largo de los siglos la idea del Arte ha ido modificándose y ampliando sus dominios e instrumentos técnicos, hay unas constantes que siempre se retienen para delimitar el Arte: el ideal de lo bello, la aprehensión intuitiva y el análisis de la realidad que envuelve al artista, sea objetiva (tratando de reflejarla tal como aparece ante sus ojos)  o subjetiva (en la que la psique del artista juega un papel predominante). Desde que la Filosofía se interesó por esta actividad humana, la noción de “estética” está siempre presente, especialmente desde el Siglo XVIII. Aflora entonces una nueva disciplina filosófica: la Estética, que hablará de la relación del artista con el mundo y de su finalidad. Y desde entonces la literatura sobre “Estética”, no sólo invade las bibliotecas de los eruditos y artistas, sino que el término “Estética” ha inundado todos los ámbitos y actividades de la vida humana. El mundo contemporáneo, el de la Globalización, ha manoseado y banalizado/generalizado tanto esta palabra, con anterioridad reservada para el estudio y el análisis de las obras artísticas, que los límites de “lo artístico” se han extendido a casi la totalidad de las actividades humanas, sean culinarias o taurinas, bélicas o deportivas, estilistas de la peluquería o lúdicas actividades presentadas en el lucrativo mundo de los videojuegos o de la cinematografía, cuyo interés -las de estas últimas- parece decantarse por la violencia, correspondiéndose esta preferencia con la cultura mercantilista que “violenta” y enajena la vida humana, porque sus valores participan de ella, de la violencia, al estar ausentes de ellos el “valor de lo humano”. Etc. Qué sentido y finalidad tiene para el mundo de la Globalización la “Estética”, merece un serio estudio tanto artístico como sociológico, antropológico y psicológico. Tal vez se haya degradado tanto el ser humano, que su vida se pierde entre lo bello y lo trivial, lo frívolo y lo violento, en un mundo absolutamente desnaturalizado y deshumanizado. Tal vez el artista, aun cuando busque el ideal de lo bello, esté perdido en el laberinto de un mundo “construido” por la propia acción del ser humano urgida su vida por los valores del mercado y del consumo. Perderse el ser humano/artista en el intrincado laberinto de este mundo, está indicando que no se encontró su centro, el del ser humano, su esencia. Vivir establecido en el ser que todo ser humano es, resuelve el aforismo antiguo “conócete ti mismo”. También resolvería la deshumanización de la vida humana y de sus actividades. Habiendo logrado descifrar el enigma que encerraba el aforismo, el laberinto se disuelve, desaparece la duda, la confusión, atadas a la búsqueda… Miquel Barceló afirmaba en una entrevista reciente: “Entro y salgo de mis cuadros, buscando algo que no siempre encuentro. Igual que en el mar, lo habitual es bajar y no encontrar nada. Pintar es, casi siempre, hacer cosas en vano”. En el camino estamos. Y en su recorrido encontraremos, acertadamente, el ser del Arte, porque nos habremos encontrado a nosotros mismos.

 

 NOTAS:

[1]El místico presiente las realidades divinas, establece contacto (desde las alturas de su aspiración) con la visión mística y ansía incesantemente la repetición constante del estado de éxtasis a que su oración, adoración y veneración, lo han elevado. Por lo común es completamente incapaz de repetir esta iniciación a voluntad. En la meditación sucede lo contrario, pues mediante el conocimiento y la comprensión, el hombre iluminado puede entrar a voluntad en el mundo del alma y participar inteligentemente de su vida y estados de conciencia. Un método implica la naturaleza emocional y está basado en la creencia en un Dios que otorga; el otro involucra la naturaleza mental y está basado en la creencia en la divinidad del hombre mismo, aunque no niega las premisas místicas del otro grupo.”. El subrayado es del libro de Alice Bailey Del intelecto a la intuición.

 

18 junio 2015Enlace permanente

El cerco a la Pintura

Las nuevas disciplinas artísticas, el video y la producción de contenidos digitales, relegan y reducen aún más el espacio pictórico, que quedó en entredicho a finales del siglo XIX con el surgimiento de la fotografía.

Por un lado los gestos y las geometrías de las vanguardias casi han agotado el repertorio temático, los medios y los procedimientos. Por otro, esas nuevas tecnologías que son capaces de reproducir los efectos propios de las diferentes disciplinas pictóricas. Hoy, con PhotoShop podemos reproducir en una pantalla los rasgos propios de las pinceladas del óleo, el acrílico o la acuarela y los difuminados del carbón o el pastel. Con la aparición de las impresoras 3D no está lejos el día en que sea posible pintar con el grosor propio de la materia pictórica de que se trate.

Por eso, la pintura estará viva como disciplina artística no sólo mientras pervivan las obras en los museos y los contenedores de arte, sino en tanto en cuanto existan hombres y mujeres capaces de enfrentarse a un lienzo en blanco, con un pincel cargado de pintura o con la mano desnuda si es preciso.

Lo mismo que ocurre en el ámbito pictórico podemos observarlo también en el ejercicio de la lectura, allí, en esta misma pantalla donde nuestros ojos ya no perciben las texturas del papel ni podemos ya oler el paso del tiempo por las bibliotecas y librerías….hoy el libro electrónico nos permite encontrar el volumen inhallable y leerlo en su pantalla luminosa.

Internet hace que los mensajes sean cada vez más breves y concisos. ¿Quién lee hoy un ensayo de más de cincuenta páginas o una noticia que ocupe más de un párrafo?

Es difícil imaginar que la pintura acabe disuelta en la memoria del folclore, que acabe su andadura como lo han hecho las diversas técnicas artesanales, hoy convertidas en espectáculo museístico en ferias medievales al aire libre. ¿Acabaremos los pintores con un pequeño cuadro y un minúsculo caballete haciendo el simulacro del arte de una manera tan circense? Todo podría ser.

Así, las ya viejas vanguardias y las novísimas tecnologías han cercado el quehacer propio de la pintura, aunque aún existamos los pintores, aunque todavía pintemos, aunque ahora sea todavía mas difícil mantener el estatus artístico propio de la pintura, su razón de ser necesaria en el conjunto de las prácticas que tienen por objeto la expresión de esa necesidad interior del ser humano que, algunas veces aunque no siempre, aboga por una experiencia de la Belleza, incluso por una experiencia estética que ahora se desliza entre las incesantes imágenes de la publicidad y de los medios audiovisuales que conforman la red.

(Ver Notas sobre Arte y Belleza, en el blog de Esteban Díaz Cambiar el mundo)

22 abril 2015Enlace permanente

60 años de arte contemporáneo en Córdoba

60 años de arte contemporáneo en Córdoba

La abstracción es el núcleo fuerte e indiscutible en la consideración de lo que se entiende por renovación artística española a mediados del siglo pasado. Desde entonces ha pasado por diferentes consideraciones, se ha multiplicado en numerosos estilos, ha sufrido crisis y renovaciones de toda índole y en la actualidad sigue representando una opción que parece mantenerse inagotable. Se muestran piezas significativas de la abstracción geométrica junto a obras gestuales e informalistas, así como derivaciones posteriores y actuales que dan testimonio de la riqueza y diversidad de la tendencia.

Hashim Ibrahim desde su conversión al Islam, nace como Rafael Cabrera en Sevilla en 1954, desde donde se traslada siendo niño a Almodóvar del Río, villa en la que transcurre su infancia y adolescencia y donde reside en la actualidad. Su inicio en la pintura se data en 1972, año en el que comienza un aprendizaje que le ha llevado a visitar numerosos países para aprender técnicas y experiencias diversas. Tras treinta años de dedicación a las artes visuales, Hashim Cabrera es autor de una extensa obra que incluye pintura, escultura, fotografía, obra gráfica e instalaciones que, sobre todo en la década de los 90, se realizaban con una voluntad interdisciplinar. Además de su extensa producción plástica, Cabrera ha realizado una amplia una labor textual, ensayística, literaria y poética, tratada de forma complementaria a su obra y a menudo como soporte teórico y conceptual.

En la década de los 70 comienza Cabrera su formación, muy diversa, ingresando la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla, en la que cursa estudios de Análisis de Formas. Hasta 1975 cursa estudios de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba y de Literatura Española en la Universidad Complutense de Madrid. En 1977 viaja a Italia donde conoce de primera mano la obra de los maestros del Renacimiento y se ejercita en el dibujo del natural y a plein air, exponiendo en Florencia y Córcega.

A inicios de los 80 surge su amistad con Fernando Texidor y José Guerrero, con quienes mantiene una relación de amistad que le lleva a adentrarse en las formas del arte contemporáneo. Con Fernando Texidor y otros artistas llevará a cabo una intensa actividad cultural en la Sala Municipal de Arte de Nerja. En esta década comienza Cabrera a interesarse por las tradiciones y filosofías orientales. Sus primeros trabajos de investigación, datados en estos años, trataron sobre naturaleza y cultura. Escribe el ensayo De la naturaleza y las culturas y realiza varias exposiciones de pintura, escultura, fotografía e instalación en las que explora las relaciones que existen entre el medio natural y las prácticas culturales, entre arquitectura, urbanismo y paisaje, entre sociedad industrial y ecología y sus interrelaciones derivadas.

En los 90 indaga en los modos culturales de otras sociedades, como Japón, Oriente Medio, Magreb y la idea del Mediterráneo como espacio de encuentro e intercambio. Fruto de estos estudios sobre diversidad cultural nacen Mástil sin bandera, De Albaida a Al Hamrra—sobre memoria histórica—, De la desaparición de los ángeles: Ibn Rusd o la crisis de la imaginación creadora—en torno a los procesos de evolución y transformación del pensamiento y las ideas—y su estudio Islam y arte contemporáneo, que revisará y ampliará en 2013. En estos años lleva asimismo a cabo una actividad pedagógica y de difusión del arte contemporáneo en colaboración con la Universidad de Córdoba a través de su Grupo de Investigación TIEDPAAN. A mediados de esta década realiza una propuesta conceptual—homenaje al teórico y psicólogo de la percepción Rudolph Arnheim—titulada La melancolía sin forma: renacimiento en la conciencia, mediante una instalación en el Museo de Arte Contemporáneo de Shimebaru, en Kiusyu, Japón.

Junto a Mansur Escudero funda el Centro de Documentación y Publicaciones de Junta Islámica y dirige la revista de pensamiento contemporáneo Verde Islam, y en la actualidad escribe sobre temas de arte y cultura en Webislam. Otro proyecto llevado a cabo en esta década es el grupo Ras el Hanut, un proyecto auspiciado por el Parlamento Europeo que tuvo como uno de sus objetivos lograr el intercambio cultural y artístico entre artistas de los países ribereños del Mediterráneo. Desde entonces sus publicaciones son numerosas, en géneros diversos, señalando de entre las dedicadas a teoría del arte el estudio Los colores del alma, dedicado al color y la plástica. Hashim Cabrera ha realizado numerosas exposiciones colectivas en países diversos, mientras que su primera individual data de 1976, tras de la que ha llevado a cabo una veintena de muestras individuales.

la primavera eterna de la pintura, una apuesta de Michel Hubert

Desde siempre la pintura ha parecido estar a punto de padecer un colapso mortal ante las amenazas de una evolución artística revolucionaria. Ya a principio del siglo XVII, Nicolas Poussin acusaba a Caravaggio de querer matar a la pintura. En el siglo XIX, los academistas acusaron a Manet y Courbet de pervertir los valores burgueses sobre los que se asentaban las instituciones sociales y políticas, mediante una práctica vulgar y decadente de una pintura a la que acusaban de querer acabar con la decencia de cinco siglos de historia de arte. ¿Qué historiador no recuerda el latigazo que a su paso Napoleón III infligió con su fusta al generoso trasero de una de las bañistas pintadas por el revolucionario Courbet y expuestas en el Salón de 1853? Pero a la pintura el golpe más mortal le vino del pensamiento de Duchamp, cuando el padre del arte conceptual volvió a utilizar un viejo dicho muy de moda en las familias burguesas francesas del siglo XIX, cuando uno de sus vástagos tenía la nefasta idea de ser pintor en lugar de banquero o político: ¡TONTO COMO UN PINTOR!

En octubre de 1943, durante la ocupación alemana de Francia, un grupo de artistas franceses que se juntaban en un café de la Plaza parisina del Palais Royal, frente al Museo del Louvre, decidieron manifestarse públicamente contra la ideología nazi y su persecución del “arte degenerado”. De ahí les vino la idea de crear un espacio público donde manifestarse con la exhibición de sus obras. Sus miembros fundadores fueron el crítico de arte Gaston Diehl (presidente del grupo), y los pintores, grabadores y escultores Henri-Georges Adam, Emmanuel Auricoste, Lucien Coutaud, Robert Couturier, Jaques Despierre, Marcel Gili, Léon Gischia, Francis Gruber, Jean Le Moal, Alfred Manessier, André Marchand, Edouard Pignon, Gustave Singier, Claude Venard y Roger Vieillard. Después de reunirse el grupo a lo largo del mes de abril 43, una época particularmente negra para la historia de Francia, a Jacques Despierre se le ocurrió llamar “Salon de Mai” a su manifestación pública inaugurada el mes siguiente, pues mayo siempre ha sido un mes sinónimo de regeneración vital, de alegría y de optimismo. El lugar donde se organizó el primer “Salon de Mai” fue la Galerie Pierre Maure, el 29 de mayo. En su catálogo se publicaron textos de poetas de gran importancia en Francia, como Jacques Prévert, Lucien Becker, André Frénaud, Jean Follain y Eugène Guillevic. Desde aquel año hasta nuestros días el “Salon de Mai” no ha dejado de ser un acontecimiento artístico muy celebrado en París.

La idea de crear un salón contestatario similar al de París para la defensa en España de la creación pictórica moderna surgió en Barcelona en la mitad de la década de los 50 del pasado siglo: el Salón de mayo (1956-1969), conocido en plural como Salones de mayo. Este certamen anual fue creado por la Asociación de Artistas Actuales, con el objetivo de contribuir a romper con la situación de marginalidad que sufrían las tendencias post-impresionistas en Barcelona y, complementariamente, para encontrar en el sector privado el apoyo económico a sus actividades profesionales, teniendo en cuenta las pocas facilidades que recibían de las instituciones oficiales. En sus trece ediciones reunieron a más de 900 artistas de Cataluña y también de ámbito internacional. Siempre fue un célebre punto de encuentro de artistas, críticos y público, y se considera una acción precedente de lo que se convertiría en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona. Tuvo sede en la antigua capilla de la Santa Cruz y San Pablo de Barcelona, también en el Parque de la Ciudadela de Barcelona en sus últimas ediciones, y los presidentes de su comité gestor fueron Emili Bosch Roger (1957), Ramón Rogent i Pefrés (1958), Antoni Cumella (1959) y Santiago Surós Horno (1960-1969).

A nadie se le escapa el malestar de la pintura en esta segunda década del siglo XXI. Si bien para Duchamp el origen de este malestar era la fotografía, en nuestros días está motivado por el auge de la utilización de las nuevas tecnologías y por un efecto de la moda que impone la supremacía del arte de concepto y objetual sobre el pictórico. Esto no es nada nuevo. En años precursores a la situación actual de la pintura, pintores como Bazelitz y Per Kirkeby eran presos de una gran desesperación, no podían dejar de dedicarse a una actividad tan mal vista como era la pintura en aquellos tiempos: su mala conciencia les obligaba a una actividad casi clandestina, obligándoles a adoptar toda clase de subterfugios: pintar sólo el domingo (haciendo alusión a los pintores no profesionales que se dedican a esta actividad sólo los domingos como forma de ocio), pintar sólo con la mano izquierda, o colocando los cuadros cabeza abajo). Ya en la década de los noventa del siglo pasado, la pintura representaba menos de 10% de la creación artística. Todo indica que en la actualidad este porcentaje siga bajando.

La presente exposición SALON DE MAI que, como en el París de 1943 en reacción a la barbaría nazi, o en la Barcelona de 1956 a favor de una renovación del gusto pictórico aún estancado en la era impresionista, pretende revindicar el derecho de la pintura a mantener un sitio propio en el contexto de la creación contemporáneas a pesar del efecto perverso de las modas actuales. ¡God save the picture!

La mayoría de los artistas seleccionados para esta exposición colectiva se dedican plenamente a la pintura, salvo algunas excepciones como Federico Guzmán, Jacinto Lara o Felipe Ortega, autores además de performances e instalaciones. Sus cuadros expuestos testimonian una práctica únicamente condicionada por la valorización de la “pintura-pintura”, es decir, sin recurrir a técnicas extra-pictóricas como el collage. Son cuadros elaborados con la suficiente experiencia para que sus autores huyesen de las preocupaciones técnicas, limitándose al disfrute total mientras estuvieron pintándolos.

La muestra abarca un gran abanico de géneros pictóricos que dan buena cuenta del dinamismo actual del arte de pintar: simbolismo, primitivismo, surrealismo, lirismo, expresionismo, materialismo se reparten los espacios de la Fundación Pons entre figuración y abstracción, con técnicas de las más variadas.

Pintores expuestos: Santiago Arranz, Hilario Bravo, Hashim Cabrera, Santiago Castillo, Ricardo Castillo, Pedro Castrortega, Luis Canerlo Tomás Cordero, Luis Cruz Hernández, Emilio Gañan, Federico Guzmán, Bertrand Himhoff, Cristina Lama, Jacinto Lara, José María Larrondo, Luis Ledo, Pilar Molinos, Ruth Morán, Felipe Ortega, David Panea, Miguel Rasero, María Ruiz Campins, Horacio Sapere, Matías Sánchez, Miguel Villariño.

Michel Hubert Lépicouché. Miembro de la Sección Francesa de la Asociación internacional de Críticos de Arte (AICA),

14 octubre 2013Enlace permanente

oximoron

 

 

 

 

 

 

 

 

Ahora que se acerca de nuevo el mes de Ramadán, quiero compartir con todos vosotros, amigos y herman@s que leéis esta publicación, mis pensamientos y sentimientos más íntimos, los que he ido guardando en un cuaderno de papel y escribiendo con un humilde bolígrafo después de años de teclados y ordenadores durante el último año. Así, casi sin pretenderlo, ha salido un pequeño volumen, Oxímoron, que forma ya parte deWebislam Libros. Espero que lo disfrutéis y os sea útil y bello al mismo tiempo. Un gran salam

Hashim

28 junio 2013Enlace permanente

pobreza espiritual

Un momento para la calma, un rincón para la eternidad, así, volviendo a la palabra, abriendo el corazón a la pregunta, sintiéndome ser sin ser nada, vivo, muriendo a los fenómenos, desarropado de momentos y anécdotas, abocado a una escritura que no alcanza la pureza de la revelación, sometida al sólo dictado del corazón, a una escritura rota por la realidad, cincelada por esas articulaciones —sonidos, colores, movimientos, temperaturas, texturas, sabores, olores— que tejen la aparente vida de las criaturas. Un momento para la calma, un rincón de silencio, un momento tan sólo.

¿Abriremos la puerta al huésped inesperado, a su luz interior y a su consejo?

amanecer consciente

Verdad es que del alma es de donde ha de brotar el lenguaje unitivo. Sí, es cierto que mientras sea la mente la urdidora de los lenguajes no podremos avanzar hacia una vida verdaderamente culta y humana, con todo aquello que ser humano significa.

Sí, del alma, de su más profundo núcleo, del corazón, del centro desde donde la luz divina se derrama en el mundo, hacia el otro, como un aliento luminoso y compasionado.

30 enero 2013Enlace permanente