Interioridad

 

 

 

 

 

El artista, que había vivido y contemplado su interioridad, vuelve su mirada hacia el mundo —extrañado de él—. En su meditación se había sentido el Único, el Solitario Creador, olvidando por momentos su condición de criatura. Su análisis se había ido convirtiendo en una autopsia hasta sentir entre sus dedos los trozos evidentes de un cadáver desmembrado en sus distintas partes, un juguete destripado en las manos de un niño. Su curiosidad le había llevado lejos, demasiado lejos del principio. Sabía ahora de la vacuidad de eso que llaman “existencia“, conocía algunas de las leyes de la Forma, dominaba muy bien el uso de las herramientas y los medios, disponiendo ya de una técnica y de un lenguaje, pero se había quedado vacío, mudo y atónito. En una vivencia paradojal se debatía olisqueando la infinitud, borracho de información y de conceptos, sintiendo en su pecho la voz nostálgica del regreso, la llamada al sendero claro y luminoso del contenido, de la palabra, del árbol, el viento y la sonrisa.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Instalación “La melancolía sin forma” Río Shimenawa. Kiusyu. Japón, Shimewaru 1997)

19 junio 2018Enlace permanente

Contenido y forma

 

 

 

 

 

 

 

 

Cézanne defendía que “una inteligencia que organiza poderosamente es la colaboradora más preciosa de la sensibilidad…”, en cualquier actividad creativa. El artista puede modificar algunos factores, conociendo algunas de las leyes de la Creación, en profunda y estrecha colaboración con ella, despojándose de todas las vivencias del yo, que se opone a ello. Ha de trabajar bordeando los límites de lo que conoce. Cuando penetra en el mundo del significado su seguridad se debilita y necesita una diferente actitud. Los iconos empiezan a moverse, las cualidades a manifestarse. Sólo entonces, una contemplación activa y consciente puede penetrar en el contenido, apareciendo la posibilidad de lenguaje, de comunicación. Cansado de elucubrar, su atención pasa sin obstáculo desde su corazón hacia el mundo, sintiendo que el contenido y él son la misma cosa.

El significado es su vida interior, la síntesis de su experiencia vital en el presente. A veces la Forma se interpone cuando alcanza una importancia desmesurada. Otras veces, forma y contenido se le confunden… escucha la Forma, siente la música profunda del color.

Velos y más velos que caen… muros que se derrumban, grietas de la Gran Pirámide truncada y despuntada… contenidos que se desbordan sin cauce, perdiendo su articulación… hasta llegar a las emociones.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Instalación “La melancolía sin forma” Río Shimenawa. Kiusyu. Japón, Shimewaru 1997)

 

la Forma como in-formación

 

 

 

 

 

Le es más fácil a nuestro artista perderse en el mundo del contenido que en el de la Forma, ya que al fin y al cabo ésta acaba sometiéndose al rigor de las leyes propias de cada sistema particular debido a su naturaleza estructural. El mundo del significado es otra cosa, ya que difícilmente establecemos las leyes, y más aun tratándose de un lenguaje —en éste caso visual— que no se deja codificar fácilmente. Surge la Forma como encarnación del contenido, como portadora de in-formación —creación formal—, como establecimiento de relaciones, como lenguaje. Según la Nueva Física, la única creación accesible al ser humano es la creación formal. El físico ya sabe de la finitud del espacio, concibiendo el camino de la Luz describiendo una curva de suavidad inimaginable que volvería sobre sí misma al punto de partida. Pero no puede crear la Forma sino tan sólo ayudar en el proceso de la Creación desde su atalaya privilegiada, asistir al proceso como una matrona.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Tastir. Bambú, adobe, cal, pigmentos. Japón, Shimewaru 1997)

Las formas y la vida interior

 

 

 

 

 

 

 

Primero tuvo que liberarse de los dioses, de las figuras y de los ídolos. Su iconoclastia fue consecuencia de su anterior idolatría. Se limpia ahora de su adoración hacia las formas y se refugia escuchando su corazón, dirigiendo su atención a la fuente del significado. Para él, el mero juego de las formas no puede ser el contenido del Arte. Siente danza, ritmo, construcción pero tras todo ello siente el latido de otra cosa.

A propósito de ello, el maestro de Bhakti Yoga —Sendero de la Devoción— Swami Vivekananda ha dicho: “Las formas sólo tienen valor en cuanto sean las expresiones de la vida interior. Si ellas han dejado de expresar la vida, destruidlas sin compasión”.

El mundo del significado es tan misterioso e implica tantos procesos y realidades —aprehensión, reflexión, memoria—, tantas variables, que sugiere y apunta a otros planos de la conciencia, planos de “pensamiento visual” según la terminología acuñada por Rudolph Arnheim.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Embrión. Escultura madera/vidrio/papel de arroz. Japón, Shimewaru 1997)

Experiencia unitaria

 

 

 

 

 

En cierto sentido, el llamado artista abstracto recorre el mundo visible a través de su reflejo en las ideas para devolver nuevamente su contenido a través de las formas. Su búsqueda es un caso particular y expresivo de lo que se ha dado en llamar una “vía gnóstica”.

Entre Forma y Contenido se mueve el artista integrándose en la experiencia unitaria, criatura por momentos regalada con la experiencia del Creador. Dice Ibn ‘Arabí que “… para el hombre que ha alcanzado la Unidad, para el gnóstico —’arif—, el siguiente paso es volver al mundo de las formas, al mundo de lo diferenciado, de lo múltiple…”.

El artista, que busca sin descanso al Creador que vive dentro del “Sí mismo”, reanuda una y otra vez su quehacer metafórico y vacío, rastreando entre los átomos de su materia hueca un atisbo de contenido, un leve aroma del significado. A veces siente cómo la Creación se detiene, reanuda la Forma el movimiento, redundando en sí misma… otras se le muestra sin contenidos, reducido ya el significado a sus cenizas: Vacío silencioso, inmóvil, dispuesto al más leve signo concebible.

A veces son las formas desplegándose en lo Uno sin detenerse ni repetir sus articulaciones —colores indescriptibles de la existencia— inclasificables en su prodigalidad. Arte y Naturaleza confundidos. Sujeto fundido en el Universo, átomo a átomo… permeable hasta la inexistencia.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Blanco Mar de Enmedio. Fresco a la cal. Detalle. 1997)

Forma sin forma

 

 

 

 

 

 

 

 

Por su carácter inaprensible, la actividad creativa presupone un movimiento de cambio permanente, como si el artista cabalgara a lomos de las ideas y de las formas, interaccionando con ellas, con-formándose según la energía que resulta de ese intercambio, invocando un significado. Intenta a veces agotar todas las formas para restituir la Forma completa, la que no tiene forma, la posibilidad sin articulación.

En lo que respecta al Contenido —y valga de nuevo la tautología— se halla “contenido” en la Forma, con lo cual vuelve a la idea del principio según la cual la división de Aristóteles es una convención que ya no le sirve. ¿Cuál sería el contenido mismo de la Caligrafía? ¿Qué significado nos arranca la línea temblorosa, la línea firme?

La Forma que percibe, le arranca al artista, tarde o temprano, un contenido, un significado que vive latente en su interior. La visión del círculo le remite a un contenido abstracto, raíz y fuente de otros significados particulares. La visión de la materia que conforma y expresa la idea de un círculo —la percepción visual de la línea material— está llena de contenido: densidad, color, anchura, precisión, relación con la superficie, el soporte, etc.

La línea temblorosa sería en el plano del contenido lo que la luz misma nos evoca en su pálpito, lo que el Universo mismo no cesa de repetir: expansión y contracción. Ya Kandinsky meditó profundamente en el problema: “El Contenido en el Arte no es otro que la suma de las tensiones organizadas… Desde este punto de vista descubrimos la identidad originaria de las leyes de la composición en las distintas artes, dado que las artes sólo pueden materializar su tema a través de las tensiones organizadas. Aquí es donde hallamos la solución y la puerta de la obra ‘sintética’ futura”. Para continuar diciendo: “De éste modo descubrimos la correspondencia profunda e íntima del Arte y de la Naturaleza: Como el Arte, la Naturaleza trabaja también con sus propios medios… y hoy podemos decir ya con seguridad, que la raíz profunda de las leyes de la composición es idéntica para el Arte y para la Naturaleza. La relación del Arte y de la Naturaleza —o como actualmente se dice, del Objeto—, no reside en el hecho de que la Pintura jamás evitará la representación de la Naturaleza o del Objeto, sino en que ambos dominios realizan sus obras de modo semejante o idéntico, y las dos obras, nacidas al mismo tiempo pero viviendo independientemente, deben ser consideradas tal y como son.”

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Descenso. Detalle. 1994)

25 abril 2018Enlace permanente

Una muerte ‘formal’

 

 

 

 

 

Un excesivo grado de abstracción hace innecesaria la Forma. Esta desaparición del universo formal implica para el artista una experiencia mística, una “muerte“, por llamarlo de alguna manera. Esta “muerte” formal ha sido en los últimos tiempos la propuesta de lo que se ha llamado Arte Conceptual, propuesta que con éxito ha revisado cuestiones de contenido sobre todo, poniendo el acento en el significado. Hemos asistido al fructífero intento de sustituir el objeto por el acto creador en la obra de Beuys, por ejemplo.

Sin embargo, la vida humana tal y como la conocemos habitualmente, es un mundo de formas, figuras, relaciones, códigos, articulaciones, lenguajes que conviven. Al profundizar en su trabajo abstracto, el artista se va acercando a lo que es inefable, a aquello que no se puede expresar. Por ello, si quiere vivir su vida humana, cumplir su destino como ser humano, necesita de las formas para moverse, conocerlas intentando penetrar en su significado, aunque sepa ya que cualquier forma por perfecta que sea es tan sólo un aspecto, una cualidad. Siente la Forma como realidad que se está haciendo incesantemente —nunca hecha del todo—. Cuando cree tenerla se le escapa como si fuese ese Mercurio de los Sabios de que nos hablaron los filósofos del pasado, apresada convencionalmen­te en un objeto, en un ser que suponemos ya cerrado en cuanto a su realidad estructural y que no nos revela su contenido en forma completa, pues vive en el espacio dinámico de la Creación, y éste no cesa. La Forma adopta entonces la Forma del espacio que la contiene: no puede decirlo de otra forma.

Cuando llega a éste aparente sinsentido, considera la influencia que las formas tienen en su interioridad. Las formas le llevan, le sugieren, le arrastran… medita en una Forma, en un Mandala. Sin embargo, en alguna parte de sí mismo siente la realidad origen de todas las formas y recuerda el pensamiento de Brancusi: “No busquéis formas oscuras. Lo que os doy es puro deleite. Mirad hasta que lo sintáis. Los que más cerca están de Dios lo han percibido”.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Instalación. 1992)

11 abril 2018Enlace permanente

Cézanne y Kandinsky

 

 

 

 

 

Momentos antes estuvo meditando en el vasto e inútil problema de la Forma, imaginándosela, tratando vanamente de apresar al Ser entre sus manos…: La línea, ¿contiene a la Forma o es contenida por ella?… dándose cuenta de que toda línea material tiene dos bordes y que una línea en estado puro materialmente no existe. Recurre altivo al frasco de los colores creyendo ser la luz que los genera, vibración ondulada que provoca el arco iris, pero se siente como agua sublimada que —habiendo recibido calor— se inmola atmosféricamente a la luz verdadera… se siente herramienta de la luz, como luz misma y siente el color como entropía, expansión y existencia. Y más aún cuando llega a entender que lo que percibe es tan sólo el eco lejano de la Luz, como entendió Cézanne al escribir: “La Luz es una cosa que no puede ser reproducida, pero que hay que representar por otra cosa, por el color, dentro de la misma sombra”.

Absorto en el problema, su mente va de una idea de la Forma a otra sin descanso, sin encontrar el límite definitivo, la concepción final. En ese devenir fluyente de signos, colores y limites, se encuentra navegando nuevamente en aguas de lo absoluto, percibiendo cada vez más claramente su “bajo continuo”, ese que Kandinsky vislumbró en las Artes Plásticas y que Umberto Eco tan bien ha descrito en su Estructura Ausente.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Composición. Detalle. 1999)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Análisis

 

 

 

 

 

 

Ya sabemos que en muchos casos el artista comprometido que trata de liberarse de la tiranía de las formas, de la denotación que implican, de los rasgos, en su afán decodificador del lenguaje visual, se encuentra en su camino con realidades misteriosas e imponderables: Los lienzos negros de Ad Reinhart —sin objeto aparente— sin manchas ni relieves no pueden dejar de mostrar la misteriosa estructura de la urdimbre, reflejos inesperados que las partículas emiten dependiendo de la naturaleza de la luz. Sabe ya que la luz no es continua sino palpitante, que tiene sístole y diástole, que vibra ondulatoriamente como todo lo existente pues todo es luz en mayor o menor medida. Luz y oscuridad se entremezclan como dos seres que copulan, como en la conocida fórmula de Einstein, pero: ¿Dónde nace la Luz?

De manera similar a como había desenmascarado a la figura —objeto suplantador en la tradición naturalista—, el artista puede llegar al límite en el análisis profundo de la Forma. Percibe el parentesco semántico forma/horma, recuerda el concepto aristotélico de Forma como oposi­ción a Materia, pero la Forma le remite a una estructura, a un ente organizado según leyes muy determinadas: puede revelarle aquello que no está manifiesto por inferencia, por deducción. Así siente la vieja división, la vieja herida como cerrada, porque ya sabe que aprehendemos la Forma sensorial y conceptualmente, fijando intelectualmente sus límites, conviniendo su espacio, otorgán­dole realidad en la percepción.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Pastel. Detalle. 2002)

29 marzo 2018Enlace permanente

La cuestión de la forma

 

 

 

 

 

 

Al tratar de imaginar la Forma, al figurársela, el artista se encuentra inevitablemente con la necesidad de delimitar, de partir lo Único, articulando en un vacío. Siente tensiones que se le sugieren en el espacio y en el plano. La Forma se le figura unas veces como apariencia del Objeto, otras como disposición estructural llegando frecuentemente a tautológicas vivencias del tipo: La Forma contiene a la Forma y otras similares. Como configuración externa, el artista encuentra la Forma como masas de color, de luz y sombra, impresiones que pueden o no llevarle a la compresión intelectual del Objeto, como esas diagonales que —desde el Renacimiento— nos sugieren la ilusión de la profundidad en un plano. El dibujo, la línea delimita la Forma, compone, describe, nos remite a otra forma. El Color implica Forma, quedando ésta finalmente como un conjunto de relaciones percibidas, como ser estructural, como Vida.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Las hojas de Ibrahim. Detalle. 1997)

20 marzo 2018Enlace permanente