Ilusoriamente encarcelado en un yo, y sin embargo vive

 

 

 

 

 

 

A partir de ahí, sabe ya nuestro artista que no es autor sino herramienta, por más que quiera ya penetrar en la Realidad y en su análisis. Su realidad es su incesante discurrir, pero también sus sensaciones, el puente indestructible que tiene con el mundo. Habla, pinta o canta lanzando una llamada a lo Otro, pero sabe ya a ciencia cierta que no existe lo Otro, aunque el mundo se le articule en un aparente diálogo. Ilusoriamente encarcelado en un yo, y sin embargo vive. Ya sabe que intenta poner orden en aquello que no es sino orden puro, pretendiendo crear belleza en la Belleza misma, redimir a lo que no se ha perdido, siendo ni más ni menos que una paradoja teatral, un tejido que se está urdiendo, una trama tan abierta que no es ni tan siquiera nada… una vida que no es lo que parece.

A pesar de todo, aún sigue buscando ese signo conmovedor que habría de rescatar del olvido a la condición humana. Un signo que ya no existe porque han sido dados ya todos los signos dentro de nuestro estado actual de evolución. Andamos ahora en la prehistoria de una edad más humana, cuando el Homo Sapiens deja paso ya a sus descendientes. Y como el tiempo no existe sino en el universo cronométrico de los relojes y de las máquinas, anda ahora el artista sin tiempo ni espacio que rescatar entregado a su ocupación metafísica que poco o nada tiene ya que ver con el mundo. Su mundo es ahora “el otro mundo”, un universo despoblado que aún no ha generado una conciencia que lo soporte y que lo asuma: un cementerio existencial. En el alba, el artista vive sin la iluminación ni la claridad necesarias para poder discernir el nuevo día, pero siente ya la Luz, una luz inequívoca, naciente, nueva, surgiendo de las entrañas de la oscuridad.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Alegría de vivir. Técnica mixta sobre lienzo. 1990)

19 enero 2018Enlace permanente

Entrega toda la luz posible

 

 

Entrega toda la luz posible ya que su acto está ungido de potencialidad transformadora, haciéndolo con toda la eficacia y la delicadeza de que es capaz. Con esa actitud denuncia a aquellos que, a la manera de los sacerdotes, se abrogan la exclusividad del saber. Desenmascara a los que hablan del Arte y de la Belleza como de algo preciso y definitivo, a los que usan toda la parafernalia mitológica para colocar sucedáneos. Rebate a los que circunscriben la creatividad a unas cuantas disciplinas que —como la Pintura o el Cine— se hallan institucionalizadas como “creadoras“. A ellos los saca de su error, de su estrecha visión del hecho creacional para que de una vez por todas se reconozca y se asuma que todo ser humano, todo ser vivo, todo ser es un acto constante de creación, de una creación, de la Creación.

Todo ello lo dice sin delegar en nada ni en nadie, viendo el pasado disuelto en la nada, en un presente de desdicha y gloria. Y lo habrá de seguir diciendo hasta el día en el que el lenguaje plástico sea asumido por la comunidad al menos hasta el mismo nivel en que lo están otros lenguajes —como la Música o la Poesía—, cuando accedamos a nuestra geometría profunda a través de nuevas percepciones asociadas a nuevos significados. Tendremos acceso a esas criaturas que están como ánimas en nuestro purgatorio neuronal, redimiéndolas con la conciencia, desgarrando al fin los velos de aquello que se nos presenta como una realidad separada.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: De la Naturaleza y las culturas. Técnica mixta sobre lienzo. 130 x 640 cm. 1991)

‘Vemos’ con las lentes ahumadas de “nuestra cultura”.

 

 

 

 

 

 

 

 

En tanto que hablemos de Belleza, estaremos perpetuando el edificio conceptual que es la cárcel de nuestra percepción: ‘Vemos’ con las lentes ahumadas de lo que hemos dado en llamar “nuestra cultura”.

Frente a eso, hablar del artista es hablar del ser humano abierto a sus sensaciones, cronista de su experiencia actual, que tiene ante sí innumerables caminos, en el presente. Se aísla en los medios urbanos y se convierte en expresión de la esclerosis postindustrial. Diseña las formas adecuadas a las necesidades de los nuevos instrumentos, de la nueva tecnología, acelerando con ello el tránsito hacia la nueva sociedad. Pero también refleja y encarna a una comunidad en ciernes y se entrega a ese patrimonio de belleza que es el planeta en el que vive, al que ha explotado miserablemente y en el que ha dejado una huella de notoria fealdad, de mal gusto. Lo mismo le da ya seguir una escuela, inventar o rechazar una escuela: quiere respirar sin envenenarse y mirar si le es posible las gigantescas chimeneas de su homúnculo. Siente la responsabilidad que tiene en ello, exorcizando al cuerpo social de tantos demonios que lo penetran, de tantas intenciones oscuras que —a caballo de signos gráficos, acústicos y de todo tipo— van marcándose en su conciencia.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Reflexión en torno a un objeto. Técnica mixta, vidrio serigrafiado sobre lienzo y madera. Detalle. 200 x 400 cm. 1991)

29 diciembre 2017Enlace permanente

El canon

 

 

 

 

 

 

 

 

Mientras tanto, la Idea de Belleza, celosamente guardada en las profundidades del Auto Sacramental es trasladada —por los mismos intereses de la conquista— al deslumbrante brillo que, con toda facilidad para el espectador, le ofrece la televisión en color en medio de su litúrgico murmullo. El canon milenariamente destilado por edades y culturas, canon que fue creado y manipulado por los sacerdotes para formar una iconografía religiosa, es hoy día utilizado en el diseño de otra iconografía —ésta vez industrial—bajo los auspicios de las compañías multinacionales. El erotismo de la curva, el brillo de lo carnal que en la Naturaleza sólo se ofrece en forma pasajera y puntual, es apresado por hábiles maquetistas y realzado la décima de segundo necesaria para que el receptor —despojado ya de árboles, atardeceres y arroyos— acepte el último modelo de frigorífico al borde del orgasmo.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Reflexión en torno a un objeto. Técnica mixta, vidrio serigrafiado sobre lienzo y madera. Detalle. 200 x 400 cm. 1991)

21 diciembre 2017Enlace permanente

Reflexión en torno a un objeto

 

 

 

 

 

Así, tras esa ruptura profunda, nuestro animal artista se refugió en la Magia, en el Animismo, en la Filosofía y finalmente en la Ciencia buscándose a sí mismo, buscando incesantemente una explicación y expresándose mediante signos. Imitó las formas de la naturaleza en un intento de apropiarse mágicamente de ella o de propiciar la posesión de sus criaturas: de la raíz de un árbol construyó formas plásticas que estarían cerca del latir misterioso del bosque. Más adelante tallaría en la piedra las formas del politeísmo y acabaría esculpiendo a la mismísima casta sacerdotal de la que provenía en el frontispicio de los templos, acabando tan insigne tarea escultórica en el diseño de la central nuclear, necesaria una vez más para la conquista.

En medio de este estado de cosas, nuestro artista se siente una vez más desorientado y solo frente al monstruo —el de la Civilización ésta vez— como antaño lo estuvo frente a una Naturaleza descomunal e imprevisible. Si antes se asustó ante la tormenta y el rayo, ahora se aterroriza ante la bomba de neutrones y el rayo láser: en ambos casos el miedo le inunda, y en ambos casos también es un miedo a sí mismo, a su naturaleza y a su propia obra. El Sapiens Sapiens se lamenta con miedo de lo que construyó para vencer al mismo miedo. Nuestro artista se siente aún más solo ante tan gigantesco secreto desvelado, ante ese vacío aún más vacío que aparece ante él y dentro de él, formulando la Teoría de la Relatividad e inventando el microscopio electrónico para demostrarla.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Reflexión en torno a un objeto. Técnica mixta, vidrio serigrafiado sobre lienzo y madera. 200 x 400 cm. 1991)

16 diciembre 2017Enlace permanente

Luz de los olivos

 

 

 

 

 

 

Nuestro animal dio paso, según nos sigue contando la Historia, a un ser típicamente racional que —apresado en una red conceptual y simbólica— elaboraría todos los códigos de la expresión humana desde el Neolítico hasta nuestros días. Cientos de miles de formas describió este animal racional mediante signos sonoros, gestos gráficos, intentando describir ese momento en el que siente su propio yo en el mundo, queriendo con ello recobrar la identidad perdida, la Unidad de la que provenía y que ya no era, pues frente a él estaba ahora el mundo. El animal de esa transición traumática y gigantesca probablemente se quedaría aterrorizado ante los fenómenos naturales: la ruptura que se había producido le exigiría a partir de entonces una explicación, una respuesta. Es ahora la Ciencia la que nos dice que en esa transición se irían conformando los diferentes estratos de la estructura cerebral humana tal y como hoy se la contempla: un núcleo cerebral que se corresponde con la etapa evolutiva de los reptiles sobre el que se desarrolla la Neocorteza —sede del Lenguaje y el Raciocinio— dividida ya en dos hemisferios con funciones diferentes, unidos finalmente por un estrato externo.

El desarrollo de la estructura especular —reflexiva propiciaría también la escisión interna mediante la progresiva conformación de un yo autónomo separado del mundo. Y es a partir del establecimiento de la conciencia individual cuando el ser humano empezará su largo camino de “conquista”. Todo esto se halla expresado poéticamente en la antigua tradición del Paraíso Perdido, bella metáfora del devenir humano: Cuando el Ser transgrede su condición unitaria y come del Árbol de la Dualidad, es expulsado del Jardín donde Creador y Criatura son Uno. A partir de ese momento nace la Historia de las Culturas. Estas, unas veces se constituirán en sistemas de control de la animalidad profunda con sus expresivos ritos de domesticación y fertilidad —véanse los cultos mitraicos de la romanidad hasta llegar a la fiesta de los toros—. Otras veces la cultura se constituye en forma de vida que trata de armonizar aquello que se halla escindido dentro del ser humano —véanse las grandes religiones monoteístas con su acento puesto en la creencia en la Unidad de la Realidad—. Podríamos señalar aquí la marcadísima diferencia de presupuestos vitales y existenciales que comportan las diferentes culturas, poniendo —como muy evidente— la polaridad Oriente/ Occidente.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Luz de los olivos. Detalle. Fresco a la cal y vidrio serigrafiado sobre lienzo. 1990)

11 diciembre 2017Enlace permanente

mimesis

 

 

 

 

 

 

 

En un principio, en tiempos paleolíticos, el animal artista reflejó la realidad sin una traducción demasiado humanizada, ofreciéndonos su visión primordial y atávica, desprovista casi de una intención intelectual, pero con una aseverada ya idea de proyecto, siendo éste el fruto de un pensamiento causal de tipo mágico cuya efectividad parecer ser que residía en la fiel imitación del objeto —cinegético o amoroso—. ¿Existía en él el sentimiento de belleza o estaba aún ligado a la naturaleza de manera que era todavía Naturaleza fundamentalmente y no tenía conciencia de ella? Es posible que participara, sin más, de la dinámica de las formas que la naturaleza le ofrecía, haciéndose grito, trazo, grafismo. Aún no se habría extrañado de sí mismo, aún no habría descubierto el espejo lógico ni su azogue —la sinrazón— sino solo su atisbo… y arrebató la piel al animal mismo, despojando al ser misterioso de su cubierta, desvelando el misterio de una interioridad vacía.

Su mente empezó a poblarse de imágenes que pronto tendrían vida independiente dentro de él. Ese sentimiento primordial que el artista ha querido recuperar para nuestro tiempo, es la mirada de Picasso hacia la tribu, su admiración ante la fuerza expresiva del Arte Primitivo. Esta ruptura tal vez hiciera detenerse a ese animal artista, volverse sobre sí mismo al mirar por vez primera el mundo. Ese cambio, según nos cuenta la Historia, le haría evolucionar desde la vida sensorial e instintiva hacia la vida racional, como si lo primero fuese un estado de mayor imperfección, y aún sin comprender las leyes del Universo nos dejó su mensaje. Ese mensaje es casi una obra de la Naturaleza y así la veríamos de no ser porque en la actualidad tenemos una idea “humanizada” del ser humano, culturalizada, ideas que varían dependiendo de la cultura en la que viva. Hoy ya sabemos que toda cultura comporta un ordenamiento de la realidad. Mientras ese orden es asumido por el individuo, su experiencia es “coherente”.

(Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Las hojas de Musa. Fresco a la cal y vidrio serigrafiado sobre lienzo. 1991)

5 diciembre 2017Enlace permanente

1990 bis

 

 

 

 

 

 

 

Cuando se produce en el ser humano el sentimiento de Belleza, la sensación de placer va desalojando a la sensación de deseo, ya que este, alcanzado su objetivo, ninguna razón tiene de seguir existiendo. El deseo de Belleza que siente el artista cesa cuando la siente de forma inequívoca: Por un lado el deseo —expresión de lo que aún no es— y por otro el logro, la realización, la obra, el orgasmo, la muerte.

En tanto que sensación que le causa placer, que da sentido a su vida, la Belleza le provoca, al cesar, un vacío. No puede establecer límites demasiado precisos para definirla, ya que está ligada al mundo de las sensaciones y éstas forman parte de su universo personal, intraducible e inexpresable en su totalidad. Sin embargo el artista se encuentra ante las definiciones que las distintas culturas le han legado acerca de la Belleza, creyendo que cuenta con un material preciso, creyendo metafísicamente que es posible comunicar las sensaciones, cuando en realidad lo que hace es utilizar un lugar común, un cajón de sastre que guarda toda la carga significativa que la creencia, la ideología y el uso han ido depositando en él, creyendo metafísicamente que es posible comunicar las sensaciones cuando lo que ofrece es materia traducida a lenguaje.

(Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Las hojas de Ibrahim. Fresco a la cal sobre lienzo. 1991)

29 noviembre 2017Enlace permanente

1990

 

 

 

 

 

 

Pero lo que en un principio fue sincero deseo de manifestarse, encarnando con ese acto una identidad, se convierte ahora en imposibilidad de expresar lo inefable. Se da cuenta de que su grafismo es incompleto, de que su artículo es “parte” pero no todo. Ha navegado en aguas del Absoluto y se ve ahora como un naúfrago, contemplando el oro en viejos reflejos de arena, más arena que nunca, desencantado. Ha tenido en su mano la solución de todos los problemas del mundo, pero tan absorto estaba contemplando su hallazgo que no se dio cuenta de que era mortal, de que tenía hambre y de que era tan pobre que malamente comería su sopa. Y su sopa le sabrá a manjar insuficiente, y nuevamente hambriento emprenderá la antigua tarea de emular al Dios Creador.

Su alucinación se debilita y muere, como mueren todas las cosas. Un buen día no siente ya ese placer que le supuso descubrir el mundo. Categórico y poderoso se yergue para darse cuenta de que ahora él es un cuerpo traducido al lenguaje de su tiempo. Se queda estupefacto al darse cuenta de que —como cualquier ser vivo— está sujeto a cambios, a influencias y a obligaciones. Su dolor surge cuando, gozando de esos momentos inefables, comprueba que las herramientas están en otro sitio, y que él mismo no es sino un intérprete.

(Twexto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Instalación Naturaleza/Cultura. Almodóvar 1988)

23 noviembre 2017Enlace permanente

1989

 

 

 

 

 

 

La desolación, sentimiento que a veces precede a la soledad, ha sido a menudo un punto de partida para el artista, en la larga y difícil andadura en pos del conocimiento de sí mismo y del mundo. Ahí se reconcilia con la materia de la que es parte y sobre la  que actúa. El arte es entonces su refugio, la representación íntima de esa otra Realidad inaprensible y avasalladora, pero también la madre oscura y cálida del principio. Decepcionado tantas veces de la Realidad, “regresado” de ella, sucumbe en su propia profundidad y —perdido en la negrura— buscará la luz en el laberinto de los mil colores que lo envuelven hasta sentir la comunicación cuando alguien contemple su obra, cuando ese lenguaje resuene en las otras conciencias. Parece como si en ese regreso se aislara del mundo mediante una placenta que no es sino su propio discurso interior, fijando en sí mismo la atención ya delirante de sus sentidos hasta el nirvana, éxtasis que le anticipa, aun estando vivo, la inmovilidad absoluta de la muerte.

Conjurado ante su conciencia y encogido, como si temiera mostrar sus entrañas a esa Realidad que asume —ante sus ojos ávidos de Belleza— la luz inequívoca de lo carnal, siente una imagen de energías inconmensurables. El vínculo que entonces establece entre los fragmentos de esa Realidad que le envuelve por dentro y por fuera, lo vive en un vacío —misterioso terreno— generando una chispa de comunión y unicidad.

(DE LA NATURALEZA Y LAS CULTURAS. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento)

20 noviembre 2017Enlace permanente