1990 bis

 

 

 

 

 

 

 

Cuando se produce en el ser humano el sentimiento de Belleza, la sensación de placer va desalojando a la sensación de deseo, ya que este, alcanzado su objetivo, ninguna razón tiene de seguir existiendo. El deseo de Belleza que siente el artista cesa cuando la siente de forma inequívoca: Por un lado el deseo —expresión de lo que aún no es— y por otro el logro, la realización, la obra, el orgasmo, la muerte.

En tanto que sensación que le causa placer, que da sentido a su vida, la Belleza le provoca, al cesar, un vacío. No puede establecer límites demasiado precisos para definirla, ya que está ligada al mundo de las sensaciones y éstas forman parte de su universo personal, intraducible e inexpresable en su totalidad. Sin embargo el artista se encuentra ante las definiciones que las distintas culturas le han legado acerca de la Belleza, creyendo que cuenta con un material preciso, creyendo metafísicamente que es posible comunicar las sensaciones, cuando en realidad lo que hace es utilizar un lugar común, un cajón de sastre que guarda toda la carga significativa que la creencia, la ideología y el uso han ido depositando en él, creyendo metafísicamente que es posible comunicar las sensaciones cuando lo que ofrece es materia traducida a lenguaje.

(Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Las hojas de Ibrahim. Fresco a la cal sobre lienzo. 1991)

29 noviembre 2017Enlace permanente