28 abril 1986

 

 

Las motivaciones del coleccionista de obras de arte pasan, por un lado, por el afán pasivo de poseer, de reunir objetos, de invertir el dinero en algo rentable. También pasa, afortunadamente, por la capacidad de decidir, por la actitud crítica ante la obra de arte, y, finalmente, por qué no, por el amor al arte.

El coleccionismo, que en principio surge como consecuencia de valores estéticos y plásticos, se convierte en una inversión y en un cálculo para comprar la obra de arte, cálculo que incluye a críticos y galeristas como asesores.

El artista cae en la misma trampa porque necesita de los intermediarios y mediadores, de los galeristas y de los críticos. Pierde gran parte de su libertad creadora.

La carrera desbocada de los precios de la obra de arte frena al coleccionista. El crítico describe la elección de la galería y ésta determina su juicio a través del coleccionista. El comprador comparte, en cierto modo, las ansiedades y angustias del artista, poniendo en juego su sensibilidad y su dinero, afronta algunos riesgos y contribuye a crear un gesto pertinente.

Los mejores coleccionistas son gente apasionada por el arte que creen enamorarse de las obras, que coleccionan belleza, y así la obra adquiere su condición de reliquia, de objeto sagrado. Así intervienen en el proceso creativo. Muchas veces el crítico es un artista frustrado o un coleccionista frustrado, y en muchas ocasiones, al menos en nuestro país, se permite dar consejos al artista. Existe un orgullo de poseer, de estar en contacto con ese mundo del arte, refinado e inalcanzable.

En la galería Rojo y Negro, la hija de Serna Ramos, pintor de la Escuela de París, me enseña una carpeta con obras de su padre. Un profundo dolor transmiten esas pinturas sobre papel, una simple y profunda historia se trasluce a través de grises y negros. Parece como si el dolor se escapase por las líneas oscuras. “Había que ser valiente para comprar obras de Léger hace quince años”. Raquel ha mostrado su sensibilidad: ¡Qué vacío más desolador! Una sensibilidad gigante en medio del vacío, una idea asombrosa en medio de la mediocridad.

(En la imagen “Última luz” Carbón y pastel sobre papel. 35 x 150 cm. Almodóvar, 1985. En la actualidad se halla en el Área de Servicios Sociales del Ayto. de Córdoba)

12 noviembre 2017Enlace permanente