29 de abril de 1986

 

 

 

 

 

 

 

Visita póstuma a mi exposición. Jorge Kreisler la ha visitado. Su crítica me ha parecido sincera, su valoración plástica de la obra, correcta. La conversación me ha sugerido algunas cosas sobre los galeristas y coleccionistas. Kreisler parece estar sumergido en un mundo inconmensurable y atroz. Parece como si hubiese asumido toda la sordidez humana y hubiera podido vencer a la negrura para poder estar cerca de lo vivo, de lo que hoy y ahora palpita.

José Manuel Broto tiene una obra muy pictórica porque retoma el mejor sentido de los informalistas, con valores cromáticos europeos, sobre todo del expresionismo alemán. Su obra “Todo es posible” se encuadra en el concepto tradicional informalista, pero donde aún queda un resto de intencionalidad mediante la descripción de una forma es en Tápies. Gerardo Delgado vive en un ámbito parecido pero en el que el expresionismo eclosiona a lomos de una pincelada más libre. Sicilia me hace recordar algunas obras de Millares. Barceló me lleva a un mundo alucinatorio en el que, de todas formas, existen concesiones crecientes a la tradición, a pesar de sus transgresiones en el procedimiento y en los materiales. Cristina Iglesias trae unas esculturas rescatadas de lugares donde aún se filtra la luz.

Tendré que sopesar, valorar y rumiar todo este tiempo que he pasado en Madrid, inmerso en el mundo del arte y de los artistas. Ya no podré pintar nunca como antes pues algo se ha transformado en mí. La imagen resuelta mediante otros discursos me ha dejado en otro lugar, desasistido de mis referencias, y la contradicción sólo se resuelve en el presente. Su intensidad impulsa a la lucha interior hacia su solución. La vida, en sus manifestaciones, sugiere una única realidad. La biografía —los sujetos y los objetos, las relaciones— no son sino anécdotas sentimentales que tratan de velarme, de esclerotizarme, son entes cargados de peste emocional que, ante todo, expresan miedo y agresividad.

30 abril 1986. Mi padre ha muerto

Yo iba con los cuadros de mi exposición, de vuelta hacia Córdoba, en la furgoneta de un amigo. No sabía que en aquella carretera me estaba cruzando con una ambulancia que llevaba a mi padre hacia Madrid, hacia su final. Requiem por aquel cuyo cadáver expresó su muerte, una muerte que yo ya había visto en anteriores ocasiones, mientras vivía, su anuncio, un agotamiento progresivo hasta la inmovilidad irreversible. Que Dios lo acoja, le perdone y le ampare.

(En la imagen “Búsqueda. Técnica mixta sobre lienzo. 65 x 54 cm. Nerja 1983)

16 noviembre 2017Enlace permanente