1990

 

 

 

 

 

 

Pero lo que en un principio fue sincero deseo de manifestarse, encarnando con ese acto una identidad, se convierte ahora en imposibilidad de expresar lo inefable. Se da cuenta de que su grafismo es incompleto, de que su artículo es “parte” pero no todo. Ha navegado en aguas del Absoluto y se ve ahora como un naúfrago, contemplando el oro en viejos reflejos de arena, más arena que nunca, desencantado. Ha tenido en su mano la solución de todos los problemas del mundo, pero tan absorto estaba contemplando su hallazgo que no se dio cuenta de que era mortal, de que tenía hambre y de que era tan pobre que malamente comería su sopa. Y su sopa le sabrá a manjar insuficiente, y nuevamente hambriento emprenderá la antigua tarea de emular al Dios Creador.

Su alucinación se debilita y muere, como mueren todas las cosas. Un buen día no siente ya ese placer que le supuso descubrir el mundo. Categórico y poderoso se yergue para darse cuenta de que ahora él es un cuerpo traducido al lenguaje de su tiempo. Se queda estupefacto al darse cuenta de que —como cualquier ser vivo— está sujeto a cambios, a influencias y a obligaciones. Su dolor surge cuando, gozando de esos momentos inefables, comprueba que las herramientas están en otro sitio, y que él mismo no es sino un intérprete.

(Twexto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Instalación Naturaleza/Cultura. Almodóvar 1988)

23 noviembre 2017Enlace permanente