Arco 86

 

 

 

 

 

 

 

 

Mucha feria, quizás, exceso de feria, cruce de tendencias, lenguajes, hasta llegar a un silencio profano, con las intenciones guardadas, abierto a sensaciones que dejarán en alguna tela el rastro claro de un color.

Interesantes Tápies, Le Parc, Ortega mientras en algún otro lugar alguien estará paladeando las últimas adquisiciones, el brillo que la compra desvanece y los objetos que yacen, las almas que se duplican, proyectan y deshacen formando lenguajes.

No deberíamos fiarnos de quien no nos mira a los ojos, pues en los suyos tal vez acumula tantos hechos evitados que podrían ahogarnos con un glamour de signos, de historia y biología.

En los tiempos difíciles se van sedimentando, entre las agitadas olas del pensar, las arenas que modelan el sentir. La soledad personal y física nos va preparando para la comunicación, disolviendo nuestras barreras interiores. Ese derrumbe de los límites y la iniciación del diálogo con uno mismo establecen el ámbito de resonancia de aquello que no somos nosotros, de lo otro.

El ser ignorados, el pasar sin pena ni gloria junto al murmullo, tal vez sea lo que nos deja pensativos, preparados para un encuentro. Es el tiempo en que la conciencia podrá trascender en otra conciencia, no competitiva, más liberada de las condiciones impuestas por esta locura de tiempo, bello y efímero, más inapresable que nunca, que nos ha tocado vivir.

Es muy difícil, incluso paradójico, conciliar la creatividad con la naturaleza reactiva de unas sociedades que, para avanzar, precisan superar sus propias resistencias. La vida camina sin detenerse, o deteniéndose el tiempo justo para tomar aliento, venciendo las resistencias de lo establecido, de la norma, y esa parte del camino es la más ingrata.

Quien lo comprende y lo siente, quien vibra con lo que haces, es un muerto de hambre como tú mismo y no te dará de comer. Quien podría pagar tu búsqueda no se arriesga porque necesita la seguridad de que su dinero marcha hacia sitio seguro, hacia un valor de cambio, bancario, flexible, convertible.

Y así vamos buscando la grieta que nos permita cruzar los mundos sin desgarrarnos la camisa en las alambradas de la propiedad intelectual, que tiene tantas púas como las otras, místicas y de alambre, pero son aguijones aún más peligrosos pues rompen la intimidad emotiva del discurso cuando nuestra mente trata de moverse con libertad por los espacios interiores.

Nos expresamos pintando cuando, en ocasiones, hemos agotado ya tanto el silencio como las oraciones y las palabras que nos vinculan con lo otro.

No tenemos ya muchas excusas cuando, solos en el taller, no queremos correr el riesgo de embadurnar a una virgen blanca, negra o monocroma, de romper la monotonía de lo profano. Necesitamos, tal vez, otro cuerpo y lo construimos conformando un objeto u homúnculo. Como Prometeo tratamos de darle vida propia, rescatando del fuego de la nada, ungiendo con signos vitales lo que es nada y nace de la nada, a aquello que no late ni aún en apariencia. ¿Late el lienzo en blanco? ¿Late nuestro corazón cuando contempla la superficie inmaculada?

Arco es hoy una flagrante feria de ganado con aires internacionales y triunfales. Evidentemente se buscan contactos. El objetivo último no es vender sino contactar. Los dirigentes, aquellos cuya palabra mueve los destinos del mundo, son ajenos a ese otro mundo donde nace la obra de arte. Desde sus privilegiadas atalayas no pueden oír el crujido real que se desata en la planta baja.

Obras que en muchos casos expresan un claro compromiso con la expresión plástica son exhibidas como bellos objetos acabados en sí mismos, adscritos a stands y delimitados por las siglas del galerista. A pesar de ello, la vida humana se expresa y en algunos casos aún consigue provocar una cierta conmoción espiritual, casi siempre en obras cuya intención de sorprender no es tan manifiesta, obras en las que pintores y escultores no hicieron sino exponer su propia reflexión sin demasiadas presiones laterales, léanse críticos, galeristas, publicistas, aficionados y financieros, quienes, con sus opiniones y actitudes descontextualizadas, han modificado frecuentemente el decurso de la obra de arte.

Las “gentes de buen gusto”, aquellos que ostentan el juicio estético, tienen ya suficientemente afinados sus instrumentos de medición plástica, herramientas dignas, en muchos casos, de la imaginación caliente de un Max Ernst, pero que en sus manos no son ya sino escleróticos reproductores de carne y hueso que sólo admiten aquello que viene marcado con el sello de la tradición, aunque la tradición, en muchos casos, sea sólo un único y aislado antecedente.

La tradición son hoy los gritos dispersos de un expresionismo feísta que ni siquiera se atreve, en la mayoría de los casos, con planteamientos clara y abiertamente antiestéticos.

Puedo advertir un cierto código de valores en la presentación de la obra de arte en esta feria, una complicidad ante los valores negados, como si quisiera rescatarse la rota corriente de las vanguardias, ahora en una coyuntura imposible.

Codificar lo incodificable parece ser objetivo común en esta feria de ganado plástico.

(Madrid, abril 1986)

23 octubre 2017Enlace permanente