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Un vínculo con la memoria

Assalamu aleikun. Gracias por vuestro reconocimiento y afecto. Es verdad lo que dices, Ángela, en cuanto a que la imagen elegida para abrir este diálogo no es casual ni independiente de mi propia reflexión previa.  Se trata de una fotografía que tomé a comienzos de los años 80 en el interior de un antiguo granero que hay a unos pocos metros de donde vivo.  Al haber perdido su uso tradicional —el grano va ahora directamente de la cosechadora a los grandes almacenistas— estaba casi vacío. Contemplando aquel amplio espacio imaginé sus inmensas posibilidades  como taller de artes plásticas, organizando una buena iluminación natural. En 250 m2 diáfanos pueden elaborarse obras de un formato considerable, trabajar la pintura, las artes gráficas, practicar la meditación en un ámbito ensanchado y promover talleres de intercambio y aprendizaje.

La luz de aquella tarde en el granero vacío me ayudó a recordar aquel mismo espacio cuando era usado para lo que había sido construido, para guardar toneladas de trigo recién segado, áspero y seco. Tenía aquel lugar la gracia de lo sagrado no sólo por la bendición del cereal, por albergar un bien tan indispensable,  sino también porque alguien había escrito en sus paredes interiores, con una brocha gruesa y mala ortografía, un lema que estuvo allí durante muchos años sin que nadie quisiera rebatirlo: “Se proive blasfema ni maldesí”. Parece ser que aquel lugar no era ni es el sitio más apropiado para corromper el lenguaje. Ese recuerdo y esa conciencia que surgió me iluminaron y me hicieron amar intensamente aquel rincón y aquella luz evocadora.

Durante más de veinte años sopesé la posibilidad de llegar a un acuerdo con los propietarios para poder usar ese granero y desarrollar un taller Arte y Conciencia, donde pudiesen conciliarse la creatividad plástica, la ecología y la experiencia de la naturaleza, un ámbito interdisciplinar cimentado en  el diálogo y la interacción. Sin embargo, por una serie de vicisitudes que no vienen al caso, la posibilidad de usar ese espacio físico se cerró de una forma prácticamente irrevocable.

La imposibilidad de hallar un espacio cercano con esas o parecidas características me hizo plantearme la opción de comenzar ese proyecto de forma virtual, a través de la red, mediante un blog Arte y Conciencia donde pudiese compartir toda mi experiencia personal y profesional sin demasiadas limitaciones con todos los que se sintiesen motivados a ello.

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