Entre el artista y la obra vive la dualidad trascendida

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entre Creador y Criatura, entre Arte y Naturaleza, entre el artista y la obra vive la dualidad trascendida, experimentada como ilusoria en la misma vivencia creacional. Ya lo habían dicho los grandes místicos como Ibn ‘Arabí, para quien “la dualidad es ilusoria, la Verdad es Una”.

En la acción, el artista inmerso en la Unidad deja de lado todo transcurso. El instante es eterno e infinito. Se da cuenta entonces de que hasta ese momento había estado preso de la dualidad, de que se había vivido separado del mundo. Su “Sí mismo” no es ahora algo distinto —ni nunca lo fue— de lo Único.

Inspiración—espiración, sístole—diástole… dándose cuenta que la Luz constituye la materia del mundo, de que en su expansión genera los colores, sintiendo en ese momento que todo es lo mismo:

La luz inefable y los colores nombrados, el Espíritu y la Materia, la fuente de la luz y la luz misma, el Arte y la Naturaleza, el arte y el objeto del arte.

Siente claramente todos los momentos felices, los cariños más cercanos y el sabor más amargo, siendo lo que siempre han sido: nada, una inmensa e inequívoca nada que escapa incluso de su nombre, de su definición y de su sentimiento por parte de yo ninguno. Las sonrisas más dulces, el grato calor del fuego en los inviernos, el agua fresca por la tarde en agosto, la sorpresa y el gozo… mientras se ocupa en las cosas que llama “su existencia”. Sombras en la nada, mínimas esquinas de las formas, leves artículos que danzan, quedándole entonces el arte como vía de autoconocimiento, como praxis del estado unitario, praxis del recuerdo, aún encarnando también con su propio ser individual la entropía que recorre los universos.

Cuenta con el estilo como herramienta para definir cualidades, para definir aspectos. Con el arte como trascendencia del estilo. El estilo como manera, como Forma. La codificación de un estilo, su institucionalización, provoca lo que se ha dado en llamar Manierismo, que es el culto a una posibilidad determinada de articulación de los elementos formales. El Academicismo es sólo uno entre los muchos manierismos posibles. Frente a Manierismo podemos oponer: experimentación, creatividad, intuición, abandono de sí mismo, fusión. Para escapar a los manierismos el artista debe también ser consciente de la idea que se ha formado de sí mismo y del quehacer de ese “sí mismo”. En general, las sociedades humanas aplauden y alientan las actitudes manieristas porque éstas no ponen en peligro su noción de Realidad ni el modelo social imperante.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Forma encerrada. Escultura. Madera/vidrio/serigrafía/acrilico. 1992)

 

11 febrero 2018Enlace permanente