Forma sin forma

 

 

 

 

 

 

 

 

Por su carácter inaprensible, la actividad creativa presupone un movimiento de cambio permanente, como si el artista cabalgara a lomos de las ideas y de las formas, interaccionando con ellas, con-formándose según la energía que resulta de ese intercambio, invocando un significado. Intenta a veces agotar todas las formas para restituir la Forma completa, la que no tiene forma, la posibilidad sin articulación.

En lo que respecta al Contenido —y valga de nuevo la tautología— se halla “contenido” en la Forma, con lo cual vuelve a la idea del principio según la cual la división de Aristóteles es una convención que ya no le sirve. ¿Cuál sería el contenido mismo de la Caligrafía? ¿Qué significado nos arranca la línea temblorosa, la línea firme?

La Forma que percibe, le arranca al artista, tarde o temprano, un contenido, un significado que vive latente en su interior. La visión del círculo le remite a un contenido abstracto, raíz y fuente de otros significados particulares. La visión de la materia que conforma y expresa la idea de un círculo —la percepción visual de la línea material— está llena de contenido: densidad, color, anchura, precisión, relación con la superficie, el soporte, etc.

La línea temblorosa sería en el plano del contenido lo que la luz misma nos evoca en su pálpito, lo que el Universo mismo no cesa de repetir: expansión y contracción. Ya Kandinsky meditó profundamente en el problema: “El Contenido en el Arte no es otro que la suma de las tensiones organizadas… Desde este punto de vista descubrimos la identidad originaria de las leyes de la composición en las distintas artes, dado que las artes sólo pueden materializar su tema a través de las tensiones organizadas. Aquí es donde hallamos la solución y la puerta de la obra ‘sintética’ futura”. Para continuar diciendo: “De éste modo descubrimos la correspondencia profunda e íntima del Arte y de la Naturaleza: Como el Arte, la Naturaleza trabaja también con sus propios medios… y hoy podemos decir ya con seguridad, que la raíz profunda de las leyes de la composición es idéntica para el Arte y para la Naturaleza. La relación del Arte y de la Naturaleza —o como actualmente se dice, del Objeto—, no reside en el hecho de que la Pintura jamás evitará la representación de la Naturaleza o del Objeto, sino en que ambos dominios realizan sus obras de modo semejante o idéntico, y las dos obras, nacidas al mismo tiempo pero viviendo independientemente, deben ser consideradas tal y como son.”

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Descenso. Detalle. 1994)

25 abril 2018Enlace permanente