Ilusoriamente encarcelado en un yo, y sin embargo vive

 

 

 

 

 

 

A partir de ahí, sabe ya nuestro artista que no es autor sino herramienta, por más que quiera ya penetrar en la Realidad y en su análisis. Su realidad es su incesante discurrir, pero también sus sensaciones, el puente indestructible que tiene con el mundo. Habla, pinta o canta lanzando una llamada a lo Otro, pero sabe ya a ciencia cierta que no existe lo Otro, aunque el mundo se le articule en un aparente diálogo. Ilusoriamente encarcelado en un yo, y sin embargo vive. Ya sabe que intenta poner orden en aquello que no es sino orden puro, pretendiendo crear belleza en la Belleza misma, redimir a lo que no se ha perdido, siendo ni más ni menos que una paradoja teatral, un tejido que se está urdiendo, una trama tan abierta que no es ni tan siquiera nada… una vida que no es lo que parece.

A pesar de todo, aún sigue buscando ese signo conmovedor que habría de rescatar del olvido a la condición humana. Un signo que ya no existe porque han sido dados ya todos los signos dentro de nuestro estado actual de evolución. Andamos ahora en la prehistoria de una edad más humana, cuando el Homo Sapiens deja paso ya a sus descendientes. Y como el tiempo no existe sino en el universo cronométrico de los relojes y de las máquinas, anda ahora el artista sin tiempo ni espacio que rescatar entregado a su ocupación metafísica que poco o nada tiene ya que ver con el mundo. Su mundo es ahora “el otro mundo”, un universo despoblado que aún no ha generado una conciencia que lo soporte y que lo asuma: un cementerio existencial. En el alba, el artista vive sin la iluminación ni la claridad necesarias para poder discernir el nuevo día, pero siente ya la Luz, una luz inequívoca, naciente, nueva, surgiendo de las entrañas de la oscuridad.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Alegría de vivir. Técnica mixta sobre lienzo. 1990)

19 enero 2018Enlace permanente