la primavera eterna de la pintura, una apuesta de Michel Hubert

Desde siempre la pintura ha parecido estar a punto de padecer un colapso mortal ante las amenazas de una evolución artística revolucionaria. Ya a principio del siglo XVII, Nicolas Poussin acusaba a Caravaggio de querer matar a la pintura. En el siglo XIX, los academistas acusaron a Manet y Courbet de pervertir los valores burgueses sobre los que se asentaban las instituciones sociales y políticas, mediante una práctica vulgar y decadente de una pintura a la que acusaban de querer acabar con la decencia de cinco siglos de historia de arte. ¿Qué historiador no recuerda el latigazo que a su paso Napoleón III infligió con su fusta al generoso trasero de una de las bañistas pintadas por el revolucionario Courbet y expuestas en el Salón de 1853? Pero a la pintura el golpe más mortal le vino del pensamiento de Duchamp, cuando el padre del arte conceptual volvió a utilizar un viejo dicho muy de moda en las familias burguesas francesas del siglo XIX, cuando uno de sus vástagos tenía la nefasta idea de ser pintor en lugar de banquero o político: ¡TONTO COMO UN PINTOR!

En octubre de 1943, durante la ocupación alemana de Francia, un grupo de artistas franceses que se juntaban en un café de la Plaza parisina del Palais Royal, frente al Museo del Louvre, decidieron manifestarse públicamente contra la ideología nazi y su persecución del “arte degenerado”. De ahí les vino la idea de crear un espacio público donde manifestarse con la exhibición de sus obras. Sus miembros fundadores fueron el crítico de arte Gaston Diehl (presidente del grupo), y los pintores, grabadores y escultores Henri-Georges Adam, Emmanuel Auricoste, Lucien Coutaud, Robert Couturier, Jaques Despierre, Marcel Gili, Léon Gischia, Francis Gruber, Jean Le Moal, Alfred Manessier, André Marchand, Edouard Pignon, Gustave Singier, Claude Venard y Roger Vieillard. Después de reunirse el grupo a lo largo del mes de abril 43, una época particularmente negra para la historia de Francia, a Jacques Despierre se le ocurrió llamar “Salon de Mai” a su manifestación pública inaugurada el mes siguiente, pues mayo siempre ha sido un mes sinónimo de regeneración vital, de alegría y de optimismo. El lugar donde se organizó el primer “Salon de Mai” fue la Galerie Pierre Maure, el 29 de mayo. En su catálogo se publicaron textos de poetas de gran importancia en Francia, como Jacques Prévert, Lucien Becker, André Frénaud, Jean Follain y Eugène Guillevic. Desde aquel año hasta nuestros días el “Salon de Mai” no ha dejado de ser un acontecimiento artístico muy celebrado en París.

La idea de crear un salón contestatario similar al de París para la defensa en España de la creación pictórica moderna surgió en Barcelona en la mitad de la década de los 50 del pasado siglo: el Salón de mayo (1956-1969), conocido en plural como Salones de mayo. Este certamen anual fue creado por la Asociación de Artistas Actuales, con el objetivo de contribuir a romper con la situación de marginalidad que sufrían las tendencias post-impresionistas en Barcelona y, complementariamente, para encontrar en el sector privado el apoyo económico a sus actividades profesionales, teniendo en cuenta las pocas facilidades que recibían de las instituciones oficiales. En sus trece ediciones reunieron a más de 900 artistas de Cataluña y también de ámbito internacional. Siempre fue un célebre punto de encuentro de artistas, críticos y público, y se considera una acción precedente de lo que se convertiría en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona. Tuvo sede en la antigua capilla de la Santa Cruz y San Pablo de Barcelona, también en el Parque de la Ciudadela de Barcelona en sus últimas ediciones, y los presidentes de su comité gestor fueron Emili Bosch Roger (1957), Ramón Rogent i Pefrés (1958), Antoni Cumella (1959) y Santiago Surós Horno (1960-1969).

A nadie se le escapa el malestar de la pintura en esta segunda década del siglo XXI. Si bien para Duchamp el origen de este malestar era la fotografía, en nuestros días está motivado por el auge de la utilización de las nuevas tecnologías y por un efecto de la moda que impone la supremacía del arte de concepto y objetual sobre el pictórico. Esto no es nada nuevo. En años precursores a la situación actual de la pintura, pintores como Bazelitz y Per Kirkeby eran presos de una gran desesperación, no podían dejar de dedicarse a una actividad tan mal vista como era la pintura en aquellos tiempos: su mala conciencia les obligaba a una actividad casi clandestina, obligándoles a adoptar toda clase de subterfugios: pintar sólo el domingo (haciendo alusión a los pintores no profesionales que se dedican a esta actividad sólo los domingos como forma de ocio), pintar sólo con la mano izquierda, o colocando los cuadros cabeza abajo). Ya en la década de los noventa del siglo pasado, la pintura representaba menos de 10% de la creación artística. Todo indica que en la actualidad este porcentaje siga bajando.

La presente exposición SALON DE MAI que, como en el París de 1943 en reacción a la barbaría nazi, o en la Barcelona de 1956 a favor de una renovación del gusto pictórico aún estancado en la era impresionista, pretende revindicar el derecho de la pintura a mantener un sitio propio en el contexto de la creación contemporáneas a pesar del efecto perverso de las modas actuales. ¡God save the picture!

La mayoría de los artistas seleccionados para esta exposición colectiva se dedican plenamente a la pintura, salvo algunas excepciones como Federico Guzmán, Jacinto Lara o Felipe Ortega, autores además de performances e instalaciones. Sus cuadros expuestos testimonian una práctica únicamente condicionada por la valorización de la “pintura-pintura”, es decir, sin recurrir a técnicas extra-pictóricas como el collage. Son cuadros elaborados con la suficiente experiencia para que sus autores huyesen de las preocupaciones técnicas, limitándose al disfrute total mientras estuvieron pintándolos.

La muestra abarca un gran abanico de géneros pictóricos que dan buena cuenta del dinamismo actual del arte de pintar: simbolismo, primitivismo, surrealismo, lirismo, expresionismo, materialismo se reparten los espacios de la Fundación Pons entre figuración y abstracción, con técnicas de las más variadas.

Pintores expuestos: Santiago Arranz, Hilario Bravo, Hashim Cabrera, Santiago Castillo, Ricardo Castillo, Pedro Castrortega, Luis Canerlo Tomás Cordero, Luis Cruz Hernández, Emilio Gañan, Federico Guzmán, Bertrand Himhoff, Cristina Lama, Jacinto Lara, José María Larrondo, Luis Ledo, Pilar Molinos, Ruth Morán, Felipe Ortega, David Panea, Miguel Rasero, María Ruiz Campins, Horacio Sapere, Matías Sánchez, Miguel Villariño.

Michel Hubert Lépicouché. Miembro de la Sección Francesa de la Asociación internacional de Críticos de Arte (AICA),

14 Octubre 2013Enlace permanente