Luz de los olivos

 

 

 

 

 

 

Nuestro animal dio paso, según nos sigue contando la Historia, a un ser típicamente racional que —apresado en una red conceptual y simbólica— elaboraría todos los códigos de la expresión humana desde el Neolítico hasta nuestros días. Cientos de miles de formas describió este animal racional mediante signos sonoros, gestos gráficos, intentando describir ese momento en el que siente su propio yo en el mundo, queriendo con ello recobrar la identidad perdida, la Unidad de la que provenía y que ya no era, pues frente a él estaba ahora el mundo. El animal de esa transición traumática y gigantesca probablemente se quedaría aterrorizado ante los fenómenos naturales: la ruptura que se había producido le exigiría a partir de entonces una explicación, una respuesta. Es ahora la Ciencia la que nos dice que en esa transición se irían conformando los diferentes estratos de la estructura cerebral humana tal y como hoy se la contempla: un núcleo cerebral que se corresponde con la etapa evolutiva de los reptiles sobre el que se desarrolla la Neocorteza —sede del Lenguaje y el Raciocinio— dividida ya en dos hemisferios con funciones diferentes, unidos finalmente por un estrato externo.

El desarrollo de la estructura especular —reflexiva propiciaría también la escisión interna mediante la progresiva conformación de un yo autónomo separado del mundo. Y es a partir del establecimiento de la conciencia individual cuando el ser humano empezará su largo camino de “conquista”. Todo esto se halla expresado poéticamente en la antigua tradición del Paraíso Perdido, bella metáfora del devenir humano: Cuando el Ser transgrede su condición unitaria y come del Árbol de la Dualidad, es expulsado del Jardín donde Creador y Criatura son Uno. A partir de ese momento nace la Historia de las Culturas. Estas, unas veces se constituirán en sistemas de control de la animalidad profunda con sus expresivos ritos de domesticación y fertilidad —véanse los cultos mitraicos de la romanidad hasta llegar a la fiesta de los toros—. Otras veces la cultura se constituye en forma de vida que trata de armonizar aquello que se halla escindido dentro del ser humano —véanse las grandes religiones monoteístas con su acento puesto en la creencia en la Unidad de la Realidad—. Podríamos señalar aquí la marcadísima diferencia de presupuestos vitales y existenciales que comportan las diferentes culturas, poniendo —como muy evidente— la polaridad Oriente/ Occidente.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Luz de los olivos. Detalle. Fresco a la cal y vidrio serigrafiado sobre lienzo. 1990)

11 diciembre 2017Enlace permanente