tauriq/tastir

 

 

 

 

 

Resulta de lo más aleccionador la formulación histórica de ésta Dualidad Estructural en el desarrollo del Arte Islámico a través de sus dos principales sistemas de representación en las artes plásticas: El tauriq y el tastir. El tauriq se refiere claramente a un arte de la Naturaleza que se vale de temas vegetales articulados con una gran exuberancia: hojas, ramas cargadas de sensualidad… Por el contrario, el tastir se ocupa en una geometría de líneas rectas que se refieren a conceptos universales y abstractos, a ideas, a ‘pensamientos visuales’ en el más vigente sentido del término acuñado por Rudolph Arnheim.

Sin embargo, en occidente, éstas actitudes unilaterales a que antes nos referíamos han hecho posible llevar a extremos muy útiles el análisis de los medios de expresión en las artes plásticas, generando toda una corriente analítica en éste sentido, que ha impregnado el quehacer artístico de la segunda mitad del siglo XX, diluyendo los límites que antes —como herencia decimonónica— separaban las disciplinas y proponiendo una actividad interdisciplinar: Arte Conceptual, Minimalismo, Art-Lenguaje, etc.

En la resolución de esa contradicción está la vía sintética que tantos artistas intuyeron en los comienzos de las vanguardias históricas: Kandinsky, Malevitch, Klee… desde los comienzos de su actitud analítica de los medios de expresión, poniendo con ello sobre el tapete la llamada “Cuestión de la Forma”.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Basa de columna de Medina Azahara. Tauriq)

 

14 marzo 2018Enlace permanente

“CAPAZ DE ACOGER TODAS LAS FORMAS MI CORAZÓN SE HA TORNADO”

 

 

 

 

 

 

 

 

“CAPAZ DE ACOGER TODAS LAS FORMAS MI CORAZÓN SE HA TORNADO”.

Reflejos del sufismo en el Arte Contemporáneo en España.  Ana Crespo. Octubre del 2017.

Hashim Cabrera

En Hashim Cabrera disfrutamos de las  descripciones de los colores del alma en sus ensayos (Cabrera, 2008) que devienen poéticos por la sutileza de sus palabras, como saboreamos  la plasticidad de la cualidad de sus cromatismos visuales.

Un artista con una extensa y comprometida trayectoria vital y artística ligada tanto al sufismo como al Islam. La profundidad expresiva de su trabajo plástico se nutre además  de una dilatada investigación teórica que ofrece claves para comprender la abstracción occidental desde las huellas del arte islámico (Cabrera, 2008). Unos textos  plenos de rigor y poesía.

Como creador plástico Cabrera encuentra en el lenguaje abstracto y en el  expresionismo abstracto, las analogías para expresar la dimensión sutil  e inmensa del mundo del alma. Un estilo que él define, en función de esa objetividad interna, de esa expresión de la verdadera  Realidad, como un naturalismo abstracto.

El trabajo de Cabrera se inspira en una  revisión del   simbolismo del  color y la mística islámica, las cualidades internas de los colores y sus efectos en el viaje y el desarrollo espiritual. Ejemplo de ello es su exposición “Los colores del alma”[1], un recorrido cromático a través de una  geografía interna.

Secuencia del verde

Encontramos en su obra reminiscencias de Rothko, Motherwell o la teoría del arte de Kandinsky, junto a los colores internos de Goethe. Una obra expresiva  en la que la vibración poderosa del color  contrasta con la sobriedad de la forma para aludir a esa dimensión sagrada de la existencia. Los dorados y blancos del mundo del Yabarūt se presentan sencillos y a la par sublimes. Los rojos con los verdes, que el sufismo,  relaciona con la visión del corazón (Kubra, 2001), o el poderoso negro luminoso llenando la extensión del cielo junto a una tierra blanca, son propuestas cromáticas impactantes para expresar una dimensión transcendente y teofánica.  Son obras con una expresión cromática intensa, pero a la vez plena de sencillez y rigor estructural, son como una oración entregada.  “Lo que a mí realmente me interesa es una experiencia ampliada del color, como fenómeno holístico, como teofanía” (Cabrera, 2008).

Su trabajo, por otra parte, reivindica la textura y la presencia del material, la corporeidad física de la materia  unida  a la espiritual de la  Luz.  La obra que  presenta en Jayal reúne la dimensión ancestral del color negro  con la dimensión Verde  Muhammadí. Defiende  también  la estructura formal, al igual que pone en valor  la disciplina del trabajo espiritual, como base para ascender en los diferentes estados espirituales (maqam). Este itinerario  es protagonista en la obra   que  muestra en Jayal. Una obra vertical, ascendente que se orienta, sobria, hacia el verde. Verde, color sagrado del Islam, verde  luminoso, que  aguarda al viajero tras abandonar el pozo de la existencia (Kubra, 2001, p.137).

El verde, según Cabrera, tiene una existencia fronteriza y enigmática, una cualidad restauradora y reconductora, “casi te diría que me lleva a la idea de resurrección” (Cabrera, 2008).

 

El artista mira en su interior

 

 

 

 

 

 

 

 

El artista mira en su interior, siente su corazón que late y vive, que transmite y suscita como mensajero de lo inefable. Para ello debe limpiar su corazón, meditar sobre su intención y ser como un espejo, como un tubo sonoro por el que libremente ha de circular la energía que todo lo recorre y penetra, sintiendo entonces los dioses y los símbolos como cualidades de lo Único, los colores como cualidades de la Luz, las articulaciones como inconmensurables actos de adoración. Lo creado en permanente adoración: lo Único henchido de lo Único.

La interacción entre los polos de esa Dualidad Estructural se produce tanto en la Naturaleza como en la Cultura. La naturaleza reflexiva de nuestro artista, su actitud especulativa y lunar le ha llevado incluso al análisis del propio proceso reflexivo, de los medios de conocimiento y de expresión, sometiendo a decodificación el propio discurso plástico. Una característica de nuestro ya viejo siglo XX ha sido llegar a síntesis aparentes negando —como si ello fuera posible— alguna de las partes en conflicto dentro de la Dualidad Estructural. Los racionalistas doctrinarios, excluyendo la intuición en una actitud idólatra hacia la Ciencia negaron su propio progreso: en el campo del arte, los constructivistas puros. Por otro lado los “artistas” que, siguiendo la tradición naturalista y romántica, idolatraron la inspiración, atribuyéndola en muchos casos a la realidad sobrenatural y rechazando, aparentemente, la teoría, el proyecto. Aparentemente, porque en realidad no es así: tanto una postura como otra se interaccionan mutuamente. El constructivista, geómetra, participa también de lo emotivo mediante el color y casi diríamos mediante la forma, ya que por experiencia sabemos que forma y color no existen en la Naturaleza separadamente.

El expresionista abstracto, gestual intuitivo, “construye” la forma, no puede evitar que su gesto devenga en una dirección y no en la otra o las otras posibles, siguiendo una trayectoria, articulando un discurso, una estructura organizada, significativa y formal. También el constructivista, con su progresiva conciencia de las relaciones abstractas, de la estructura numérica de la Forma, percibe sensorialmente las formas: el triángulo, el círculo, siendo atravesado por su contenido profundo.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Caída. Técnica mixta sobre lienzo. 1994)

 

21 febrero 2018Enlace permanente

Entre el artista y la obra vive la dualidad trascendida

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entre Creador y Criatura, entre Arte y Naturaleza, entre el artista y la obra vive la dualidad trascendida, experimentada como ilusoria en la misma vivencia creacional. Ya lo habían dicho los grandes místicos como Ibn ‘Arabí, para quien “la dualidad es ilusoria, la Verdad es Una”.

En la acción, el artista inmerso en la Unidad deja de lado todo transcurso. El instante es eterno e infinito. Se da cuenta entonces de que hasta ese momento había estado preso de la dualidad, de que se había vivido separado del mundo. Su “Sí mismo” no es ahora algo distinto —ni nunca lo fue— de lo Único.

Inspiración—espiración, sístole—diástole… dándose cuenta que la Luz constituye la materia del mundo, de que en su expansión genera los colores, sintiendo en ese momento que todo es lo mismo:

La luz inefable y los colores nombrados, el Espíritu y la Materia, la fuente de la luz y la luz misma, el Arte y la Naturaleza, el arte y el objeto del arte.

Siente claramente todos los momentos felices, los cariños más cercanos y el sabor más amargo, siendo lo que siempre han sido: nada, una inmensa e inequívoca nada que escapa incluso de su nombre, de su definición y de su sentimiento por parte de yo ninguno. Las sonrisas más dulces, el grato calor del fuego en los inviernos, el agua fresca por la tarde en agosto, la sorpresa y el gozo… mientras se ocupa en las cosas que llama “su existencia”. Sombras en la nada, mínimas esquinas de las formas, leves artículos que danzan, quedándole entonces el arte como vía de autoconocimiento, como praxis del estado unitario, praxis del recuerdo, aún encarnando también con su propio ser individual la entropía que recorre los universos.

Cuenta con el estilo como herramienta para definir cualidades, para definir aspectos. Con el arte como trascendencia del estilo. El estilo como manera, como Forma. La codificación de un estilo, su institucionalización, provoca lo que se ha dado en llamar Manierismo, que es el culto a una posibilidad determinada de articulación de los elementos formales. El Academicismo es sólo uno entre los muchos manierismos posibles. Frente a Manierismo podemos oponer: experimentación, creatividad, intuición, abandono de sí mismo, fusión. Para escapar a los manierismos el artista debe también ser consciente de la idea que se ha formado de sí mismo y del quehacer de ese “sí mismo”. En general, las sociedades humanas aplauden y alientan las actitudes manieristas porque éstas no ponen en peligro su noción de Realidad ni el modelo social imperante.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Forma encerrada. Escultura. Madera/vidrio/serigrafía/acrilico. 1992)

 

11 febrero 2018Enlace permanente

Fondo y forma

 

 

 

 

 

Fondo y Forma, espacio y objeto en su realidad inseparable. Hombre y Naturaleza. Hombre y medio ecológico. Hombre y universo. Luz y color. Forma y color… hasta agotar todos los pares de la antinomia.

Quizás en el deseo de trascender esa dualidad, de cerrar esa herida —Goya, Delacroix, la Tradición Romántica— se halle ese afán de síntesis que late en el artista contemporáneo, como búsqueda de la Unidad perdida como intento de devolver al ser humano su condición integral. Este afán tiene todas las características para constituirse en lo que la Historia del Pensamiento ha dado en llamar una vía gnóstica, porque ¿Qué es el Arte sino aquello que nos hace recordar al Creador? metáfora deslizada desde lo intangible, como un regalo…, ocupación inútil para los que sólo creen en aquello que están viendo.

Ciertamente que el artista se vale de la forma para componer un lenguaje, para verter lo inefable en el caudal de los signos y deshacerlos en el umbral del Ser, para devolver al ser humano su memoria y recordarle su condición de criatura, de ser que percibe y siente. Ese recuerdo, silencio sonoro en el que lo Creado y el Creador se confunden no es ya sólo un estado de éxtasis para sujeto alguno pues no queda ya entonces nada del Sujeto ni del Objeto como tales: sólo hay Ser.

Ese recuerdo ni tan siquiera pertenece ya al artista porque “ya no hay artista”. Ese silencio ni siquiera calma de la tensión y el desasosiego, y sin embargo esto piensa, esto sabe, esto siente, todavía busca y todavía espera, desparramado por el tiempo entretiene el vacío con la inquietud del enamorado y en ésta tarde deja pasar colores y sonidos, sensaciones, imágenes…. aún hay sujeto, sujeto por lo Otro.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Luz de los olivos. Fresco a la cal, técnica mixta y vidrio serigrafiado sobre lienzo. Díptico 1998)

7 febrero 2018Enlace permanente

Fusión estructural

 

 

 

 

 

 

 

 

En éste tiempo donde tan necesarias son las síntesis, en ésta edad ecléctica en la que conviven todos los estilos y escuelas, donde se ha perdido aparentemente la antorcha clara de la vanguardia, el artista intenta unir conceptos y sistemas hasta ese momento antagónicos y contradictorios. ¿Quién podía imaginar hace apenas veinticinco años la fusión estructural entre planteamientos tan diversos como eran el Expresionismo Abstracto euronorteamericano, con su acento puesto en el gesto, en la libertad personal, en el instinto, y los postulados de la abstracción geométrica, tan rigurosa en sus planteamientos formales, tan ansiosa de objetividad?. Y sin embargo Naturaleza y Cultura son realidades que conviven en nuestro interior como contradictorias gracias a esa naturaleza reflexiva que nos impregna.

El artista ha partido ya de la imposibilidad de copiar la Naturaleza de forma convincente y total. Hasta las formas del llamado Gran Realismo están impregnadas de una suerte de idealización cuando no son el resultado de sofisticados métodos conceptuales, de subjetivismo conceptualizado a través de los sistemas de representación, de las técnicas. Ha partido también de su propia subjetividad aceptándola en sus expresiones más arbitrarias y caprichosas, encontrándose con diferentes realidades: Por un lado gestos más o menos inconscientes, liberadores de la emoción, fuente de sentimientos primarios como las manchas cargadas de color, y por otro lado las construcciones que seguían modelos geométricos, expresión de ideas generales aceptadas y transmitidas por una tradición cultural. Ambos sistemas de signos los funde sobre la misma superficie como ocurre en su propio interior, donde conviven las emociones, las ideas, los proyectos y los sentimientos más inefables.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Nahda. Fresco a la cal, técnica mixta y vidrio serigrafiado sobre lienzo. 1997)

3 febrero 2018Enlace permanente

El Aliento de la Compasión

 

 

 

 

 

La vuelta al primitivismo que invocaron los precursores de nuestro siglo —Picasso, Matisse, Kandinsky y un largo etcétera— no expresa sino la intuición de que encontraremos en ese nuevo estadio nuestra unidad perdida. Esta intuición no es el instinto de las otras especies animales sino la Naturaleza recuperada desde la conciencia, desde esa conciencia que escucha a su encarnación inmediata e inseparable.

Esto siente el artista mientras las formas hieren con su propio límite la sensibilidad que las circunda. Una forma roza sus sentidos y les otorga por un momento realidad. Sus ojos son porque ven y miran, sus manos porque tocan… sus oídos escuchan la forma.

En el equilibrio de las formas, en la manera cómo se articulan unas en otras, el artista percibe la danza energética de la Creación. Creación como despliegue formal en el Uno Indiferenciado y Absoluto.

Las formas viven y existen constituyéndose basándose en diferencias: Rojo NO ES verde… dulce NO ES amargo. Forma segregada.

En lugar de constituir un “Paraíso perdido”, el mundo de las formas, en su inmensidad inabarcable pero finita, puede ser un jardín si el ser humano se reconoce como parte, actor y protagonista de la danza cósmica, danza de las estrellas y de los pueblos, baile en medio de una totalidad de colores innumerables donde es posible la ternura.

En su encuentro con las formas vive nuestro artista diversas realidades. Por un lado encuentra las formas de la Naturaleza, el gesto aparentemente caprichoso pero lleno de sentido de una rama, una raíz o la bella estructura de un animal en movimiento. Por otro lado, halla las formas de la Cultura, las construcciones rigurosas de las Formas Puras, las formas geométricas conceptualizadas y llenas de misterio. En su encuentro con estas diferentes clases de formas vislumbra la contradicción que ha acompañado al ser humano desde que sabemos, la dualidad expresada en éste caso en la antinomia Cultura/Naturaleza o Arte/Naturaleza. Dualidad que impregna asimismo el universo que conocemos: el orden y el caos, la expansión y la contracción… sístole y diástole… hasta el Aliento de la Compasión.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Composición. Técnica mixta y vidrio serigrafiado sobre lienzo. 1996)

30 enero 2018Enlace permanente

Ilusoriamente encarcelado en un yo, y sin embargo vive

 

 

 

 

 

 

A partir de ahí, sabe ya nuestro artista que no es autor sino herramienta, por más que quiera ya penetrar en la Realidad y en su análisis. Su realidad es su incesante discurrir, pero también sus sensaciones, el puente indestructible que tiene con el mundo. Habla, pinta o canta lanzando una llamada a lo Otro, pero sabe ya a ciencia cierta que no existe lo Otro, aunque el mundo se le articule en un aparente diálogo. Ilusoriamente encarcelado en un yo, y sin embargo vive. Ya sabe que intenta poner orden en aquello que no es sino orden puro, pretendiendo crear belleza en la Belleza misma, redimir a lo que no se ha perdido, siendo ni más ni menos que una paradoja teatral, un tejido que se está urdiendo, una trama tan abierta que no es ni tan siquiera nada… una vida que no es lo que parece.

A pesar de todo, aún sigue buscando ese signo conmovedor que habría de rescatar del olvido a la condición humana. Un signo que ya no existe porque han sido dados ya todos los signos dentro de nuestro estado actual de evolución. Andamos ahora en la prehistoria de una edad más humana, cuando el Homo Sapiens deja paso ya a sus descendientes. Y como el tiempo no existe sino en el universo cronométrico de los relojes y de las máquinas, anda ahora el artista sin tiempo ni espacio que rescatar entregado a su ocupación metafísica que poco o nada tiene ya que ver con el mundo. Su mundo es ahora “el otro mundo”, un universo despoblado que aún no ha generado una conciencia que lo soporte y que lo asuma: un cementerio existencial. En el alba, el artista vive sin la iluminación ni la claridad necesarias para poder discernir el nuevo día, pero siente ya la Luz, una luz inequívoca, naciente, nueva, surgiendo de las entrañas de la oscuridad.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Alegría de vivir. Técnica mixta sobre lienzo. 1990)

19 enero 2018Enlace permanente

Entrega toda la luz posible

 

 

Entrega toda la luz posible ya que su acto está ungido de potencialidad transformadora, haciéndolo con toda la eficacia y la delicadeza de que es capaz. Con esa actitud denuncia a aquellos que, a la manera de los sacerdotes, se abrogan la exclusividad del saber. Desenmascara a los que hablan del Arte y de la Belleza como de algo preciso y definitivo, a los que usan toda la parafernalia mitológica para colocar sucedáneos. Rebate a los que circunscriben la creatividad a unas cuantas disciplinas que —como la Pintura o el Cine— se hallan institucionalizadas como “creadoras“. A ellos los saca de su error, de su estrecha visión del hecho creacional para que de una vez por todas se reconozca y se asuma que todo ser humano, todo ser vivo, todo ser es un acto constante de creación, de una creación, de la Creación.

Todo ello lo dice sin delegar en nada ni en nadie, viendo el pasado disuelto en la nada, en un presente de desdicha y gloria. Y lo habrá de seguir diciendo hasta el día en el que el lenguaje plástico sea asumido por la comunidad al menos hasta el mismo nivel en que lo están otros lenguajes —como la Música o la Poesía—, cuando accedamos a nuestra geometría profunda a través de nuevas percepciones asociadas a nuevos significados. Tendremos acceso a esas criaturas que están como ánimas en nuestro purgatorio neuronal, redimiéndolas con la conciencia, desgarrando al fin los velos de aquello que se nos presenta como una realidad separada.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: De la Naturaleza y las culturas. Técnica mixta sobre lienzo. 130 x 640 cm. 1991)

‘Vemos’ con las lentes ahumadas de “nuestra cultura”.

 

 

 

 

 

 

 

 

En tanto que hablemos de Belleza, estaremos perpetuando el edificio conceptual que es la cárcel de nuestra percepción: ‘Vemos’ con las lentes ahumadas de lo que hemos dado en llamar “nuestra cultura”.

Frente a eso, hablar del artista es hablar del ser humano abierto a sus sensaciones, cronista de su experiencia actual, que tiene ante sí innumerables caminos, en el presente. Se aísla en los medios urbanos y se convierte en expresión de la esclerosis postindustrial. Diseña las formas adecuadas a las necesidades de los nuevos instrumentos, de la nueva tecnología, acelerando con ello el tránsito hacia la nueva sociedad. Pero también refleja y encarna a una comunidad en ciernes y se entrega a ese patrimonio de belleza que es el planeta en el que vive, al que ha explotado miserablemente y en el que ha dejado una huella de notoria fealdad, de mal gusto. Lo mismo le da ya seguir una escuela, inventar o rechazar una escuela: quiere respirar sin envenenarse y mirar si le es posible las gigantescas chimeneas de su homúnculo. Siente la responsabilidad que tiene en ello, exorcizando al cuerpo social de tantos demonios que lo penetran, de tantas intenciones oscuras que —a caballo de signos gráficos, acústicos y de todo tipo— van marcándose en su conciencia.

Texto: “De la naturaleza y las Culturas”. Publicado por Área de Cultura-Museo, Ayuntamiento de Palma del Río en 1992, fragmento) (Imagen: Reflexión en torno a un objeto. Técnica mixta, vidrio serigrafiado sobre lienzo y madera. Detalle. 200 x 400 cm. 1991)

29 diciembre 2017Enlace permanente