pobreza espiritual

Un momento para la calma, un rincón para la eternidad, así, volviendo a la palabra, abriendo el corazón a la pregunta, sintiéndome ser sin ser nada, vivo, muriendo a los fenómenos, desarropado de momentos y anécdotas, abocado a una escritura que no alcanza la pureza de la revelación, sometida al sólo dictado del corazón, a una escritura rota por la realidad, cincelada por esas articulaciones —sonidos, colores, movimientos, temperaturas, texturas, sabores, olores— que tejen la aparente vida de las criaturas. Un momento para la calma, un rincón de silencio, un momento tan sólo.

¿Abriremos la puerta al huésped inesperado, a su luz interior y a su consejo?