Tradición y pensamiento holístico

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El viejo paradigma mecanicista/racionalista, aún hoy vigente, con el neoliberalismo como fuerza de choque inercial y camisa de fuerza colectiva, ha consolidado un arte de los media que favorece, sobre todo la insensibilidad y el consumo.

La gran pregunta hoy es si el arte será capaz de proponer y ofrecer alternativas a ese viejo modelo paradigmático, de generar lenguajes y discursos holísticos, unitarios, que sean la expresión de ese nuevo paradigma que está adviniendo casi sin que seamos demasiado conscientes de ello.

Necesitamos crear sentido, significado, volver a revitalizar en el ser humano la capacidad simbólica, liberando a los símbolos de la cárcel alegórica en la que los ha encerrado el racionalismo y donde los mantiene hoy el neoliberalismo a través de la coerción sistémica subsiguiente a la llamada ‘cultura de la imagen’ y a los grandes medios de condicionamiento mercantil y publicitario: TV, Internet, etc.

Por otra parte, la subjetividad ha producido, en el arte de la segunda mitad del siglo XX, todo lo más una denuncia “desde dentro” del propio sistema. Ha servido para hacernos más conscientes de la cadena y del horror, pero no nos ha ofrecido, de una manera general y consistente, la posibilidad de atisbar los horizontes de un mundo nuevo, más humano y solidario, más vivible para los seres humanos.

Cuando observamos las tradiciones artísticas de las culturas antiguas percibimos una actitud común de expresión de lo trascendente, una experiencia simbólica que, en muchos casos, expresa claros paralelismos, tal como ya advirtieron Mircea Eliade Levy Bruhl y otros pioneros del estudio de la antropología.

Estas tradiciones artísticas no estaban separadas de la ciencia ni de la religión sino que constituían la expresión de diferentes cosmovisiones, las palabras de una descripción que va más allá de lo racional y se adentra en lo intuitivo, tratando de compartir o transmitir una gnosis, una sabiduría general y unitaria a partir de sus propias visiones y creencias y que hoy ya denominamos ‘holística’.

Regresamos hoy a esa Sabiduría Perenne, a esa Tradición Unánime de la que nos hablaron René Guénon, Mircea Eliade, Henri Corbin, Martin Lings y otros tantos que vislumbraron el cambio paradigmático en que ahora nos encontramos a comienzos del tercer milenio.

Y es por estas razones por las que hemos de retomar la tarea de construir un arte objetivo, y digo ‘retomar’ porque fue esta la intención de algunas de las vanguardias del siglo XX, de las que hemos hablado anteriormente, a propósito sobre todo de la Pintura.

Sobre esta ultima sólo podemos atisbar la necesidad de sumergirnos en una acción holística e interdisciplinar mediante el trabajo interior, mediante una gnosis que permita al pintor expresar sus sentimientos y ‘construir’ la obra, no exactamente a la manera del Constructivismo, del De Stijl, del Albers y el Kandinsky del Bauhaus, de Klee o Gertsner, pero sí teniendo en cuenta todas las aportaciones teórico-prácticas de todos ellos y de otros que no nombramos pues sería demasiado prolijo anotarlos aquí y acabaría cansando al lector.

Pasamos del arte terapéutico en el que el ser humano proyecta sus anhelos, miedos y fantasías personales a la visión interior de una realidad nueva, universal, común, de gran utilidad espiritual en el sentido de que ayuda al ser humano a expandir su conciencia a ensanchar su ‘experiencia de la realidad’. Este arte holístico requiere necesariamente de una intensa y profunda experiencia del pintor. Muchas de las teorías modernas sobre forma y color nos sirven, son válidas ahora, pero necesitamos nuevas praxis de la Pintura, nuevas síntesis.

El hecho de que antaño, anteriormente a la aparición de la fotografía existiesen pintores ‘descriptivos’ y de que se prodigasen durante siglos nos muestra, entre otras realidades, el repertorio inagotable de las artes visuales. ¿Niega El Greco a Velázquez o éste a Goya? No…, siguieron una estela, un camino.

Hoy, nosotros, los aún pintores que vivimos en esta transición profunda de cambio paradigmático tenemos a nuestra disposición toda la información contenida en la Historia del Arte, una información valiosa si sabemos usarla e interpretarla con un propósito e intención liberadores.

Necesitamos formas, colores, cuadros que nos ayuden a trascender nuestra cárcel mental, no que conjuren éste o aquél demonio de la cultura. Necesitamos producir obras que transmitan la paz, la libertad y la apertura de conciencia que necesitamos como seres humanos, obras que aboquen al espectador a su interioridad vacía, a su silencio creador..

La abstracción, la geometría, el color primario —tal como propusieron algunas de esas ya viejas vanguardias— son hoy herramientas válidas y vigentes.

(Extraído de la obra de Hashim Cabrera El ser de la Pintura)

25 Abril 2016Enlace permanente