Cézanne

 

 

 

 

 

En una entrevista que Cézanne concedió a Joachim Gasquet a comienzos de los años veinte en París, llegó incluso a considerar la experiencia pictórica pura como equivalente a la experiencia mística y habla ”de no entrometerse” en la acción de pintar: “Si muestro la menor debilidad —sobre todo, si pienso mientras estoy pintando— entonces todo se desploma y se pierde”. Confesión que nos recuerda más el lenguaje de Meister Eckhardt o san Juan de la Cruz que el de los pintores: “Quedéme no sabiendo […] toda ciencia trascendiendo.”

Da la impresión de que Cézanne quiere cerrar la herida mediante la pintura y quiere construir un espacio pictórico puro. De la fuerza de tal necesidad interior surge la potencia de su genuina forma de pintar, que animará a prácticamente todos los grandes buscadores plásticos del siglo XX. Quiere cerrar la herida resolviendo la dualidad entre la realidad supuestamente objetiva de la naturaleza exterior, la de los fenómenos, y la realidad psíquica, interior, subjetiva, quiere buscar un medio o un espacio pictórico universal y de ahí su conclusión sobre las esferas, conos y cilindros, conformadores de los objetos naturales…

El hecho de “no pensar” puede ser sinónimo de extinguir la actividad mental, objeto de las grandes tradiciones de sabiduría. El sufismo, el taoísmo, la vedanta advaita y algunas otras tradiciones nos proponen métodos para trascender el pensamiento, para superar el lenguaje —pensamiento y lenguaje como medios y expresiones de lo dual— y alcanzar así una experiencia trascendental más allá de la lógica racional, más cerca de esa intuición que nos acerca a la Realidad.

23 febrero 2020Enlace permanente